La mano de Susy siguió jugando con la verga del viejo Margarito, era notorio que deseaba más. Prácticamente acababa de ser penetrada pero deseaba más. Margarito estaba confiado y seguro del efecto del té tomado desde temprano, pero también sabía que tenía que esperar un poco más, a sus 56 años, con 20 más que Susy, él estaba consciente de sus fuerzas. Se acercó a ella y la empezó a besar en su cuello, recorriendo sus lóbulos llegó hasta su boca y, en un beso caliente, selló la boca de Susy, mientras las manos de esta toman el mástil duro y firme del viejo. Suavemente, para no parecer cortante ni herir la susceptibilidad de Susy, el viejo se separó de ella, y le dijo muy tiernamente

  • - Estás hermosa chiquilla... te propongo algo, aprovechemos que tu marido va a cenar y salgamos a cenar nosotros también, luego regresamos... al fin y al cabo que tenemos toda la noche...
  • - Me parece muy bien, el sexo da hambre... dijo, en tanto dejaba escapar una risa coqueta e insinuante... tanta hambre que te volvería a comer "esto", dijo Susy, mientras sus manos sobaban los huevos de Margarito y se deslizaban hacia el frente rodeando el trozo de carne caliente que aún firme se erguía frente a sus ojos...pero está bien, me parece bien... vamos a cenar.

Margarito aprovecho para pasar a la farmacia y comprar la tan famosa pastilla que prometía 36 horas de "diversión". De regreso a casa, Susy, ya en el auto, se sentó muy cerca del viejo y recargando su cabeza en los hombros de él, su traviesa, tierna y delicada mano se posó en la pierna derecha de Margarito y empezó un suave y ardiente masaje, moviendo sus dedos hacia atrás y hacia adelante hasta toparse con la verga semidura de Margarito, rodeándola por encima de la tela, con sus finos pero bien entrenados dedos para tal acción, sintiendo poco a poco crecer y ponerse cada vez más dura aquella arma caliente, que horas antes había albergado dentro de ella, su mano no descansaba en tanto que a su cabeza, quizá por la posición, recargada en el hombro del hombre que la había hecho suya,  llegaron los recuerdos...

...justo un mes antes de cumplir sus 15... esos 15 tan deseados y anhelados, tanto por padres como por hijas... Silvia, su mejor amiga no había ido a la escuela, eso le preocupó tanto que saliendo del colegio se dirigió directamente a su casa, la puerta la abrió don Julio, el papá de su amiga, quien lamentablemente le dice que no podrá ver a su amiga ya que en ese momento está descansando, un poco desilusionada la chiquilla Susy se empieza a retirar, y despidiéndose del papá de Silvia con el consabido beso en la mejilla le dice que más tarde regresará....

  • - Oye Susy, le dice don Julio, en la noche tengo una cena de negocios, podrás quedarte para hacerle compañía a mi hija? Al fin que mañana es sábado.
  • - Me gustaría mucho don Julio, dijo la pequeña, titubeando un poco, pero la verdad no creo que mis papás me den permiso; ya ve usted que son súper estrictos, y además pues vivimos lejos, no creo que mi mamá quiera, asintió muy a su pesar, pues en realidad si estaba preocupada por su amiga Silvia.
  • - Si quieres acompañar a mi hija, yo hablo con ella, ¿te parece?
  • - Pues, la verdad si me gustaría, y si usted habla con ellos pues a lo mejor si me dejan.
  • - Ok, yo le llamo a tu mami más tarde... y qué te parece si llegas como a las 8 de la noche?
  • - Ok, está bien. Bueno y de qué está enferma Silvia? Inquirió Susy.
  • - En realidad no está enferma, se fracturó una pierna anoche, tuvimos que ir al hospital, ya te imaginarás, ahora la pobre no puede estar bajando y subiendo las escaleras, es por eso que te pido que te quedes, puedes?
  • - Claro! Pero usted habla con mis papás.
  • - Si, por supuesto.
  • - Entonces estoy a las 8 de la noche acá.
  • - Ok... gracias

 

Realmente, estaba emocionada, nunca había pasado la noche fuera de casa y esto la emocionaba mucho, además, si Susy era honesta con ella misma, don Julio le resultaba muy atractivo, era un señor que le llamaba mucho la atención, viudo, con una edad poco más allá de los 45 años, todo un caballero y con mucha seguridad que da la solvencia económica, y por supuesto la experiencia.  Cada vez que Susy lo veía coqueteaba un poco con él, sinceramente le atraía, era un hombre que le gustaba, y en más de una ocasión ella misma descubría un "algo" que no sabía definir y que, en muchas ocasiones, le ocasionaban "mariposas" en el estómago y algo extraño en esa parte tan íntima de ella, una especie de comezón... algo raro, como caliente, como si algo le anduviera "por ahí", como si fueran hormigas... y luego una sensación de humedad. Algo pasaba con don Julio, pero era el padre de su mejor amiga y ella una chiquilla que aún no cumplía ni siquiera sus 15 años.

Llegó la hora indicada y ahí estaba Susy, tocando puntualmente el timbre de la casa de Silvia, con una mochila pequeña a sus espaldas, salió don Julio, ya casi arreglado y oliendo a un perfume subyugante, el hombre olía riquísimo, lo saludó con un beso en la mejilla, y en ese momento Susy aspiró profundamente causando un sonrisa en don Julio ante la mirada cohibida de la chiquilla que había sido descubierta en un gesto por demás atrevido e insinuante... entró a la casa, que era hermosa y bastante más espaciosa que la suya, le pidió permiso para subir con su amiga, don Julio sonrió y le dijo:

  • - Anda, sube preciosa, mi hija te espera, yo me voy en media hora y regreso a medianoche más o menos.

 

Susy estuvo con su amiga y platicaron de todo. Cerca de las 11 de la noche, ella se quedó dormida, así es que se puso cómoda, su batita de dormir y un short cortito abajo; nada excitante, pero mostrando sus hermosas y virginales piernas, que ya para esa edad eran más que apetecibles... Viendo la televisión se quedó dormida, cuando de repente cerca de las 12 el ruido de la puerta la despertó, era don Julio

  • - Te quedaste dormida, nena, le dijo
  • - Si -le respondió-, perdón don Julio, me ganó el sueño, no había nada bueno en la tele
  • - Ya cenaste? le preguntó el papá de Silvia, y en ese momento ella se dio cuenta que él traía unas copas encima, nada de cuidado, pero se notaba diferente.
  • - No, sólo tomé un vaso de leche.

Se sentó a su lado y ella se incorporó, un poco asustada, lo más pronto que pudo,

  • - Y no tienes hambre? Le dijo don Julio al tiempo que colocaba su mano izquierda, de manera firme, sobre la rodilla desnuda de Susy.
  • - Poca, pero me aguanto no se preocupe
  • - No como crees, le dijo al tiempo que la abrazaba, espera y te preparo algo; la soltó, se paró y tomándola de la mano, la jaló ligeramente y le dijo: acompáñame a la cocina, ven, anda...

al llegar a la cocina la tomó de la cintura y la subió a la barra de la misma.

  • - Quieres una copa, le dijo?
  • - No, no... no don Julio, no tomo y se me va a subir... mmm ... mejor algo de comer
  • - Ándale, sólo una, en lo que te preparo algo, mira, te prepararé una piña colada con poquito alcohol, de acuerdo?
  • - No gracias don Julio, de verdad, no... dijo Susy sintiéndose un poco amenazada
  • - Está bien, le dijo el papá de Silvia, y con ello bajó la resistencia y el susto de Sus, voy a preparar unos hot cakes, yo sé que te gustarán.

 

Él terminó de preparar los hot cakes, se acercó a ella, y colocando su torso entre sus piernas y sus brazos a un lado de las mismas, le dijo:

  • - Espero que te gusten, yo sé que todo lo hago muy rico, así es que espero que te gusten... repitió

Se alejó un poco de ella y dirigiéndose al refrigerador, le preguntó

  • - ¿Con qué vas a querer tus hot cakes? ¿cajeta, miel o leche?
  • - Con leche don Julio, le respondió.
  • - Yo comeré uno con cajeta, dijo, y sacó tanto la leche como la cajeta y la colocó a un lado de ella, sobre la barra.

Colocó dos hotcakes en un plato y uno en otro, se acercó a donde estaba ella sentada; tomó la leche:

  • - Tú me dices cuánto... dijo don Julio
  • - Si... así está bien

Se los dio y se colocó a un lado de ella, tomó la cajeta y se sirvió; antes de empezar él a comer, tomó con su dedo índice un poco de cajeta de su hotcake y le embarró un poco en la pierna, riéndose de ella, Susy pretendió no quedarse atrás y tomando un poco de leche de sus hotcakes le embarró un poco en la nariz. Él repitió la acción, pero ahora se paró frente a ella, para no dejarla bajar, estuvieron jugando como dos chiquillos como por espacio de 20 segundos, no duró mucho, y de repente así como estaba, enfrente de ella, se acercó más hasta que su torso pegó con las rodillas de Susy, la tomó de las manos y sin decir más, acercó sus labios a su pierna izquierda y chupo -sí... literalmente chupó- la cajeta que antes le había embarrado. Ella sintió revolotear mil mariposas en su estómago y un golpe de excitación en su cerebro, algo extraño... caliente... sintió que subía por sus pechos hasta anidar en su cerebro, en una especie de "golpe"... nunca antes había sentido eso. Era algo formidable, pero al mismo tiempo la llenaba de miedo. Se alejó de ella riendo. Susy aprovechando se bajó de la barra de la cocina y comenzó a seguirlo por la sala, él ya llevaba en sus dedos más cajeta, y al llegar al sofá, se detuvo, se volvió, le sujeto las manos con una sola de las suyas, y le embarró de cajeta la  mejilla izquierda, ahí mismo, volvió a ponerle más cajeta pero ahora en el cuello. Susy empezaba a molestarse pues no le daba chance de mancharlo. Cuando la soltó ni tardo ni perezosa, le untó leche en su cara tratando de extenderla, sin tener éxito, con la palma de su mano para embarrársela por todo el rostro. Echó a correr, y él tras ella, dando vueltas como niños alrededor de la sala, la alcanzó tomándola por la cintura, desde atrás, la detuvo, diciéndole:

  • - Ahora verás chiquilla traviesa, te voy a hacer sufrir
  • - No, don Julio ... perdón
  • - Cómo que no, le dijo don Julio, en un tono que parecía enfadado, pero que ambos sabían que era un juego y muy peligroso

 

Sin soltarla, y así como estaba -detrás de ella- empezó a pasarle la lengua por la cajeta que me había puesto en el cuello. Nuevamente Susy sintió mil mariposas en su estómago, y un escalofrío y ardor correr por su columna, la piel se le puso chinita y sentió mucho calor y humedad entre sus piernas. Todo esto no pasó desapercibido para Julio. Pasó su lengua suavemente por su cuello, lentamente. Luego, recorrió sus labios por el cuello, ahí yo no tenía cajeta, pero él lo hizo, mordió ligeramente su nuca, fue un mordisco rápido pero con esa precisión de hacerlo fuerte pero suave al mismo tiempo, con la fuerza necesaria, que le daba la experiencia. El corazón de Susy empezó a latir muy fuerte, la humedad entre sus piernas crecía y un cosquilleo en todo su cuerpo no le permitía ver claramente. Prácticamente ya no ofrecía resistencia, era toda ardor y calentura, él ya no la sujetaba, sus manos sólo estaban posadas en su cintura, y ella volvía su cabeza hacia atrás como buscando sus labios, como buscando sentir su cuerpo más pegado. De repente él se pegó más a ella, sintió algo muy duro que se clavaba un poco más arriba de sus nalgas, a la altura de su cintura, ella aún no cumplía sus quince años, y además nunca había sido muy alta. Tenía cierto miedo, la relación con su único novio nunca había llegado a eso. La tomó por los hombros y le dio la vuelta ligeramente,  se volvió sin oponer mayor resistencia, a estas alturas, ya estaba excitadísima, quería más y más.... quería seguir sintiendo eso mismo pero en mayor grado, quedaron frente a frente, él la miró a los ojos, y descubrió, sin lugar a dudas, que la linda Susy, que la chiquilla Susy estaba más que dispuesta, y ella descubrió que bastaba sentirse besada en el cuello para ceder a las pretensiones de él, que en realidad era algo que ella deseaba fuertemente, que siendo tocada así podía convertirse, muy rápido, en esa palabra que aún, por su edad, sonaba muy fuerte, y no la quiso decir en su mente, aunque casi la veía escrita delante de ella. Él le dijo muy suavemente...

  • - Sabes? Eres una chiquilla encantadora, eres muy linda... me encantas
  • - Siiii??? Sólo atino a decir, pero eso fue lo que venció, si es que había, el último grado de resistencia. Esa mezcla de pasión y ternura, fue la gota que faltaba para que Susy deseara intensamente que sucediera todo.

 

Sus manos empezaron a buscar su piel desnuda, suavemente las metió por debajo de su batita, fue levantándola suavemente por arriba de su cintura, la pasó encima de su cabeza y la retiró. No obstante el deseo, Susy sintió algo de pena, era la primera vez que alguien la veía casi desnuda e instintivamente cubrió con sus brazos, cruzándolos a modo de formar una "x", sus senos desnudos, sus hermosos y blancos senos que se redondeaban en una ya bien formada, oscura y altiva aureola. Él se retiró un poco de ella, tomándola de las manos, la descubrió suave y tiernamente, la recorrió completamente con su mirada, Susy notó en los ojos de don Julio una mezcla de lujuria, deseo y cariño...

  • - Estas hermosa... le dijo

Susy no dijo nada... se acercó a él para ofrecerle sus labios, y así cubrir un poco su cuerpo semidesnudo con el cuerpo de él. Se fundieron en un beso. Por primera vez sintió a alguien hurgar dentro de su boca. Sus lenguas se tocaban desesperadamente. En un arranque de deseo, pero sobretodo de que él no notara su inexperiencia fue desabrochando su camisa... luego los pantalones, hasta quedar en ropa interior. La tendió en el sofá y empezó a recorrer, con su ardiente lengua todo el cuerpo níveo y virginal de Susy... primero su cuello, ella gemía ...sólo gemía... bajó a sus pechos... se metió uno en la boca... lo abarcó totalmente, los chupo Susy sentió llegar a la gloria... oooohhhhh... que delicioso era todo aquello... luego se metió otro... aquello era el cielo...una locura... siguió bajando por su estómago... la pequeña Susy solamente atinaba a tomarlo de sus cabellos, era inexperta y se dejaba guiar más por el placer que sentía... le quitó mi short... nuevamente un asomo de vergüenza pintó su rostro. Ya en esos tiempos era bastante peludita  hubo un pequeño intento por resistirse, pero no lo hizo... él siguió... cuando tocó con sus labios su vagina, fue el delirio. Susy sintió que algo subía y bajaba por todo su cuerpo, sentía como un golpe en pleno rostro que le nublaba los sentidos...era algo indescriptible... nunca antes había experimentado eso... era una locura combinada con placer... su respiración estaba muy agitada,  tan sólo trataba de halar más aire. Julio estuvo un rato ahí, abajo, dándole mucho placer, ella sólo pasaba sus piernas entrelazadas por su espalda, sin lograr abarcar el cuerpo de don Julio, tomaba sus cabellos y los revolvía fuertemente... después se paró frente a ella, se quitó la ropa interior, y su pene saltó a su vista. Era muy grande, en ese momento Susy sintió miedo, lo vio demasiado grande, se acercó mucho a su rostro, como en un gesto que ella se lo introdujera en la boca, Susy se resistió, si bien estaba muy excitada, el tamaño y su inexperiencia  no le permitían hacerlo, es más sintió un poco de asco. Era su primera experiencia y la verdad, a veces pasaba del placer al susto, y de ahí nuevamente al placer. Don Julio entendió muy bien y supuso que quizá era la primera vez de ella. No la iba a presionar más. Con delicadeza se puso encima de ella... y la montó... fue cariñoso, fue suave al principio, ella se quejaba un poco en un gemido de dolor, él lo sabía pero también sabía que no debería detenerse... le dolía muchísimo, hubiera preferido, en ese momento que continuara con su boca, quiso empujarlo, pero él con toda la experiencia que tenía, cesó todo ritmo, se detuvo un momento y Susy empezó a acostumbrarme a ello, nuevamente volvió a empujar... oooohhhh... le dolía.. se volvió a detener, un rato más... y de repente se dejó ir todo... aaaaahhhhh....ooooohhhhh.... ssssiiiii... ella lo empujó pero muy suave... lo abrazó... volvió su rostro hacia la derecha, sin dejar de abrazarlo... él se detuvo y estuvo quieto un rato arriba y dentro de ella... la besó tiernamente, y luego con mucha pasión, le mordió el cuello, las orejas. Susy nuevamente volvió a la gloria... era maravilloso... después de un rato, empezó a moverse, a entrar y salir... ya no había dolor sólo placer... aquello era la locura, el delirio, la lujuria, la pasión en su máxima expresión... Así estuvieron mucho rato, tal vez media hora, no era posible medir en tiempo en minutos sino en grados de placer y oleadas de lujuria que el cuerpo de Susy experimentaba. Cuando él sintió que se iba a venir se salió de ella ... y eyaculó fuera. Al terminar se sentó a su lado, ella volvió a tener pena, se quedaron un rato en silencio... pasó su mano por sus cabellos, por su mejilla... se inclinó y le dio un beso suave en su frente ... se vistió, ella hizo lo mismo... no se dijeron más palabras... las imágenes se empezaron a volver difusas... borrosas... se escapaban de la mente de Susy, el ruido que hacía la puerta al abrirse desde el control remoto del auto del viejo Margarito, la volvieron a la realidad. La verga del viejo ya hacía rato que estaba por fuera, en su calentura Susy se la había sacado y por un buen rato se la iba mamando... ¡cuánto he cambiado! Se decía para sí misma Susy, hace 21 años me daba asco... hoy es lo que más me fascina... mamarla... volteó a ver Margarito, al tiempo que este se estacionaba en el interior de la casa y el portón se cerraba tras ellos. Se bajaron del auto y ella corrió al interior de la casa, al tiempo que le gritaba, espérame allá abajo, ahorita te hablo. Margarito obediente no subió. El timbre del teléfono de casa empezó a sonar. Una y otra vez no dejaba de sonar. Susy no bajaba. Cesó el teléfono y segundos después se escuchó la melodía del celular de Susy. Seguramente era Carlos, el marido de Susy. Susy no salía, ni bajaba ni gritaba.

Envuelta en una toalla blanca, cubriendo apenas sus senos y parte de sus caderas asomó sólo medio cuerpo en la parte alta de las escaleras.

  • - Sube ya, le dijo al viejo, métete a bañar. Se oyó todo como una orden.
  • - Sonó tu celular, y también el teléfono de tu casa, le dijo Margarito.
  • - Sí lo oí, debe ser Carlos, ahorita le llamo... báñate, te espero en mi recámara, remato Susy.

Todavía estaba hablando con su marido cuando Margarito salió del baño, ella con una seña de sus dedos índice y pulgar, los alzó a la altura de sus ojos y dejando entre ellos un pequeño espacio, en un movimiento rápido, en esta posición, los hizo hacia atrás y hacia adelante para indicarle que esperara un poco, emparejó la puerta de su recámara en tanto le entregaba a Margarito una bata de su propio marido. Minutos después se asomó por la puerta de la recámara. Estaba hermosa y demasiado sensual. Exquisitamente sensual. Un baby doll rojo, con unos finos tirantes que apenas alcanzaban a notarse. Una caída  simple, suave, sensual hasta la mitad de sus amplias caderas, no se había puesto nada abajo. La luz de la lámpara encendida en la recámara conyugal deja ver a contraluz la ligera abertura entre sus piernas, y se podía ver, a pesar de la poca luz, la delgada y fina hilera de vellos que formando un delicado, suave, dulce y bello triángulo invertido, lo hacían más que deseable y excitante. El baby doll se pegaba a su cuerpo trazando así  la sinuosa silueta que se dibujaba debajo de tan infernal y candente vestimenta. Extendió la mano hacia Margarito, prácticamente lo arrastró al interior de la recámara. Margarito se quitó la bata, que además ni siquiera le quedaba, se arrodilló al pie de la cama en tanto que Susy se recostó en ella colocando sus pies en la orilla de la misma y doblando las rodillas, las abrió lo suficiente para que la cabeza del viejo cupiera perfectamente. Él antes de besarla se quedó viendo, estático, aquella belleza tan deseable, con los dedos índice y medio de su mano izquierda tocó suavemente la hilera de vellos, las recorrió de abajo hacia arriba y en sentido contrario. Acercó sus labios a los calientes labios de la íntima y ardiente cavidad inferior de Susy, los besó suavemente, sintió como ella apretó sus piernas contra sus orejas, subió un poco para alcanzar el botón dulce y mágico provocando con ello que Susy levantara ligeramente sus caderas y apretara con más fuerza sus muslos contra la cabeza del viejo. Pensó, quizá por error o por sentido de culpa, en Carlos. La noche anterior le había pedido que la amara. Con sus 65 años Carlos no pudo a pesar de todos los esfuerzos ardientes y los estímulos bucales que ella intentó, en vano, con él. Se durmió molesta y ganosa. Se justificó a sí misma. Si Carlos la hubiera amado... si tan sólo hubiera logrado una pequeña erección... pero eso no era cierto, no podía engañarse... ella sabía que aún cuando Carlos la hubiera amado, estaría igual... gozando de Margarito. Jjjjjjjjmmmmmmmm... Fue el gutural gemido que escapó de su boca... aaaaaaa volvió a decir... sssiiiii... dioooosssss... que ricooooo... volvió a decir entre gemidos y ayes de placer. Así la tuvo Margarito un buen rato, la levantó y la colocó en cuatro puntos, el viejo con toda la paciencia del mundo tomó una silla y sentándose a orillas de la cama siguió con su faena lingüística, entrando y saliendo de la vagina de Susy y haciendo que esta, prácticamente, se retorciera de placer. Fue subiendo entre las nalgas de Susy, y separando con sus manos firmemente las tersas y calientes nalgas de Susy, llegó hasta el oscuro rincón que añoraba probar esa noche. Con destreza magistral tocó con la punta de su lengua los pliegues alrededor del culo de Susy, esta emitió un quejido más parecido a una aprobación y animarlo a que continuara, el viejo fue acercando la lengua hasta el punto medio de tan oscuro pero delicioso agujero, que se escondía mediante el movimiento de un acto reflejo hacia adentro de sí mismo. No era posible dejar escapar aquella oportunidad, la beso suavemente, luego con más fuerza hasta convertirse en un torbellino de pasión. Besándola con fuerza pero con el tino de pasar la lengua, de vez en cuando, alrededor del orificio íntimo de Suys, y escucharla pedir más, le fue animando a introducirle un dedo... luego dos... ella gemía y pedía que continuara. Ambos sabían qué continuaba. Ella se paró unos segundos para darle un frasco de gel-estimulante, hazlo papi, le dijo, me hice un lavado cuando me bañe, no tengas miedo, hazlo por favor, dijo ella con ese dejo de putería que naturalmente le salía, y deseosa de ser sodomizada por el viejo. Él le untó generosamente alrededor del oscuro y rico agujero de Susy, luego introdujo un dedo moviéndolo hacia adentro y hacia afuera, suave, lento, tocando las ardientes paredes interiores de ella. Sintió el calor en su dedo y le fue excitante imaginarse entrar en ella. Repitió la misma acción con dos dedos. Luego fueron tres. Él la sintió lista y ella le corroboró que así era cuando casi como una orden, mezcla de lujuria y deseo, le dijo: cójeme ya... cójeme!!... méteme tu verga papi por favor... ya no aguantooo... el viejo estaba seguro del efecto de la pastilla, tomó su falo con su mano derecha, jaló los pliegues de la piel hacia sí y sabiendo que todo estaba listo le dijo que se pusiera más al centro de la cama. Graciosamente Susy "caminó" en cuatro patas colocándose en medio de la cama conyugal, donde noche antes había dormido con Carlos, su marido. Margarito se subió a la cama y empezó a meterle su palo duro y caliente. Sintió como fue abrigado por las paredes intestinales de Susy. Claramente percibió el calor rodear su verga. Susy fue sintiendo como aquel trozo duro y ardiente entraba en ella abriéndola poco a poco, gimió, era placer y dolor, pero ella sabía que pronto pasaría el dolor. El viejo empezó a moverse, suave, muy suave, ella clavaba su cabeza entre las almohadas que en la noche anterior habían sido testigos del plácido descanso de ella y su marido. Pero ella no sentía remordimiento, era claro que el morbo de saberse poseída, ahí mismo, donde descansaba con Carlos era mucho más grande. Para Margarito no se diga más, por supuesto que cogerse a Susy en la recámara nupcial no había sido pensando ni en sus más locas noches de calentura, pero ahí estaba, gozándola, sodomizándola y escuchándola pedir más. Así siguieron, como dos bestias poseídas por el demonio de la lujuria, sólo eran gemidos los que se escuchaban. El viejo bufaba, ella pedía más. La verga de Margarito entraba y salía, ya no había ternura, ya no había suavidad, ambos sólo disfrutaban el intenso placer que les ofrecía el momento. La cogió de las caderas, las alzó un poco, sólo un poco, fue aumentando la rapidez al poseerla. Ella gritaba, gemía, hablaba sin poderse entender lo que decía. Tal vez un "sí" prolongado. Tal vez un "más" con la vocal más larga que pudiese escucharse. Eso era lo de menos. Margarito sintió que llegaba el momento culmen. Empezó a golpearle las nalgas, ella grito con un "sí" y su mente volvió a sus 19 años. Aquella era la primera vez que alguien la poseía por el culo. Era su profesor de economía. Cierto esa primera vez le había dolido, pero pronto aprendería mucho sobre ese arte. Margarito siguió pegándole en las nalgas. Gemidos mezclados con gritos y palabras obscenas resonaban al interior de la recámara. Era el éxtasis. Era el final de la primera cogida de la noche. Los movimientos arreciaron junto con las palabras y los gemidos de placer. La descarga del viejo fue profusa. Susy sintió el golpe hasta el fondo de sus entrañas. El golpe le arreció su orgasmo que una oleada de pasión inundó su rostro y su cuerpo. Como un látigo que la golpeaba, ella sintió una descarga de su cuerpo que liberaba toda la tensión acumulada en ese tiempo que había sido cogida por el culo. Ella se dejó caer en la cama saliendo de la aún dura virilidad del viejo. Un hilo de semen chorreo hasta su vagina, poco le importaba. Se volteó para quedar de cara al viejo que aún seguía hincado, él se agacho sobre ella para besarla, para fundirse con sus labios. El reloj de la sala dejó escucharse eran las 12 de la noche. Aún había mucho tiempo. "No sé si haya una más" le dijo Susy, pero esta noche la tenemos que disfrutar intensamente, como indicándole que sería ella quién decidiría si aquello volvería a pasar. El viejo lo sabía, tal vez sería la única ocasión de tenerla entre sus brazos pero esa noche era totalmente suya.