La vida de doña Susy http://carlitosenlared.lacoctelera.net Un espacio donde la realidad y la fantasía se mezclan es-es Cultura the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com El cumpleaños 38 de Susy http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2011/10/03/el-cumpleanos-38-susy 2011-10-03T17:31:09+00:00 El último movimiento de su mano surcó por el aire para deslizarse entre su cabello canoso y así delinear perfectamente, como a él le gustaba, la partitura y no dejar un cabello fuera de su lugar; al tiempo que decía:
- Me hubiera gustado mucho no salir este fin de semana mi amor, pero ya ves; mi madre y tú no se pueden ver y cumplen años el mismo día.
- Lo sé mi vida, dijo melosamente Susy, pero bueno, en realidad mi cumpleaños fue ayer pero como tu madre sabe cómo "amolarme" mi fin de semana se le ocurre celebrarlo mañana.
- Pero, bueno, dijo Carlos, también tiene su lado bueno, si lo hubiera celebrado ayer me hubieran puesto entre la espada y la pared, así ayer la pasé bien contigo y mañana con mi madre, pero ya sabes que el trayecto es largo y prefiero manejar de día, así duermo allá y mañana estaré fresco para la fiesta.
- Si es mejor mi amor que manejes de día. Lo que me entristece mucho es que te lleves a mi niña, pero bueno, dijo al tiempo que exhalaba un suspiro, entiendo que tiene que ver a su abuela. Sabes? Le dijo Susy a Carlos de manera muy cariñosa como buscando no despertar en él ningún asomo de sospecha, voy a comer con mis amigas, Mary y Viky también quieren festejar mi cumple.
- Y a dónde irán? Preguntó Carlos, un poco para descubrir si había alguna intención de su esposa por disfrutar su cumpleaños de otra manera, quizá alguna no muy convencional, ya que, además, ambas compañías no le gustaban, Viky estaba separada de su marido y se le conocían varias andanzas , y en cuanto a Mary, pues aún cuando tenía marido, algunos de los amigos comunes se ufanaban de haberla llevado a la cama.
- No lo sé, dijo Susy, me dijeron que me llevarían a comer a un restaurante muy bonito, dicen que me gustará mucho... mientras en su imaginación recorría palmo a palmo los espacios de aquel bello restaurante que días antes había conocido centrándose en la varonil figura de Jorge y que la hacía estremecer en su interior, sintiendo al mismo tiempo humedecer su depilada concha como si un chorro de fluidos ardientes bajaran para bañar esa divina vulva.
Tomó su bata de seda roja y envolviéndose en ella para cubrir así su cuerpo pues acababa de levantarse y sólo vestía el short de su pijama ya que le chocaba dormir con ropa, puesto que decía le incomodaba mucho, y claro, al mismo tiempo buscaba provocar en su marido el deseo de poseerla, pero tal parecía que a Carlos, eso no le importaba mucho.


Salió acompañando a su esposo llevando a su nena en sus brazos, se despidió de ella llenándola de mimos y besos, la depositó en el asiento trasero colocándola en su silla de seguridad. Volvió con Carlos y de manera amorosa se despidieron.
El carro desapareció y cuando estaba a punto de volver al interior de su casa vio una figura juvenil acercarse por la esquina de la calle. Era Manuel, quien aprisa se acercaba por la calle. Manuel vivía al fondo de la calle Brisas. La casa de doña Susy la marcaba el número 29. Cubriéndose con las manos cruzadas alrededor de sus pechos. Susy esperó a que Manuel llegara junto a ella; lentamente bajó un poco los brazos para mostrarle al joven el surco que marcaba el nacimiento de sus hermosos y mamables pechos, aquellos que meses antes habían sido saboreados y mordisqueados tanto por Manuel como por "el chino".
- ¿a dónde vas corriendo "m'ijo"? Le dijo doña Susy.
- Hola doña, le contestó el muchacho, buen día, pues mi mamá, dijo, como quejándose, que me pidió unas cosas, y las quiere rápido, y ya ve usted como es ella.
- ¿regresas? Le dijo doña Susy, tengo un trabajo que necesito que alguien me ayude, remató, y que al ver al chico y recordar el tamaño de su virilidad así como la dureza que en su momento la penetró fuertemente, sintió que el calor bajaba desde sus pechos hasta su depilada entrepierna para juguetear con su clítoris durante unos segundos y bañar en chorros calientes su, ya de por sí, jugosa vulva.
- No lo sé, dijo el chico, causando con ello el desencanto de la señora, mi mamá está insoportable ahorita y cuando se pone así no hay quien la aguante, remató el muchacho.
- Bueno, dijo con sumo pesar doña Susy, me hablas o me mandas un mensaje si puedes o si no, para saber, si? Y abrió un poco más la bata para mostrarle al chico lo que le esperaba.
Se encontraba sumamente caliente. Ella no lograba explicarse porque un chico de esa edad, adolescente, podía ponerla así, minutos antes pensaba en lo que podía ocurrir en la tarde, con Jorge, el restaurantero, pero su calentura no era tanta, pensando en Jorge sentía que podía controlarse, pero al ver al chico se sumía en un profundo y oscuro laberinto de deseos insanos, sentía abrasarse cuando veía sonreir a Manuel y los dos "hoyitos" que en su mejilla se formaban, hacían que se derritiera. Tal vez, tratando de justificarse, pensaba, era la poca atención que le brindaba su marido. Ella hubiera deseado la noche anterior que la poseyera, pero él llegó muy cansado y se durmió muy pronto. Había dormido desnuda y tocando su ardiente intimidad se penetró con dos y hasta tres dedos, pero el fuego la seguía consumiendo. Nada era comparado con sentirse poseída por una virilidad gruesa y dura, no tanto como larga, le gustaban más bien gruesas, que rozaran cada centímetro de los pliegues internos de su vagina; sintiéndose amada y deseada, sentirse rodeada de unos brazos fuertes y varoniles, experimentar el placer cuando era recorrida por unos labios húmedos y calientes en cada milímetro de su también ardiente y temperamental piel.
Vio como el jovencito desapareció en el patio de su casa. Cerró tras ella el portón del garaje y se dispuso a tomar un baño al tiempo que se despojaba de su bata quedando únicamente en el short de su pijama. Se miró al espejo, lo que vio le gustaba. Sus senos aunque medianos tenían un tamaño bastante aceptable, además eran la parte más sensible de su piel. Los rayos cálidos del sol que penetraban por el domo de acrílico se posaban en su piel desnuda haciéndola sentirse viva y deseosa de experimentar en su cuerpo esa llama que la consumía poco a poco. Lentamente se quitó el short, se observó con detalle, se cuidaba lo suficiente para que a sus 38 años luciera mucho mejor que una jovencita de, quizá, 20 años. El tiempo que pasaba en el gimnasio mostraban que valía la pena. Se metió a bañar, sintió resbalar por toda la extensión de su voluptuoso y pecaminoso cuerpo el agua tibia que la reconfortaba pero al mismo tiempo la excitaba más al imaginarse junto a ella a algún hombre dispuesto a apagar esa hoguera de pasión que parecía enfermarla. Escuchó a lo lejos el timbre de su celular anunciando un mensaje de texto. Se tomó su tiempo mientras su corazón se aceleraba al imaginarse que era "Manú", como ella le decía, y más se excitaba al pensar que este le escribía que pronto iría a su casa. Su cara denotó tristeza, cuando aun con la toalla en la mano izquierda y otra envuelta en su abundante cabellera, tomaba el celular para leer:
- "no puedo ir, mi mamá sigue muy enojada"
- Te puedo llamar?, le preguntó ella, mediante otro mensaje de texto
- Sí, me salgo al patio háblame, respondió el joven.
"de verdad no puedo ir" se escuchó del otro lado de la línea, "mi madre está muy molesta, no sé lo que le pasa"... "mmm, dijo Susy, si supieras como estoy, no te lo perderías" en un tono por demás cachondo y lleno de putería.
- hay un amigo que puede ir a tu casa, si tú quieres, dijo Manuel.
- ¿cómo? No entiendo, dijo Susy como no queriendo aceptar que Manuel sabía para qué lo quería ella en su casa.
- Sí, le dijo él, Toño, vive en la otra calle, es de mi edad y una vez me platicó algo parecido, a lo que hubo entre tú, "el chino" y yo, me dijo que fue con una señora pero nunca me quiso decir quien fue. Tú dices si le habló.
- ¿Y tú le dijiste algo de lo que pasó entre nosotros? le preguntó doña Susy, mientras su corazón se aceleraba a mil por hora mezcla de excitación y nerviosismo; sintió incluso que sus palabras temblaban.
- No, no... afirmó el chico, a nadie le he comentado una sola palabra de lo que hemos hecho.
- Mmm.. no ubico al tal Toño, no sé quien sea, y no me gusta meter desconocidos a la casa; dijo doña Susy buscando como justificar que lo había hecho con él por una cuestión del momento, pero que no era una mujer fácil que se acostaba con cualquiera.
- Sí lo has de conocer, de hecho le dicen el "negro" igual que a su papá, luego juega fútbol con nosotros.
- Está bien, dile que venga; y sólo acepto porque de verdad quiero que alguien me ayude con este trabajo, dijo la señora, mientras su mente ubicaba perfectamente al "negro" igual que a su padre, quien cada vez que tenía oportunidad no dejaba de devorarla con la mirada, aunque nunca le había dicho nada. La sola imagen de Toño hizo que se derramara más, de hecho le gustaba más que Manuel, se veía más hombre, más atrevido, más vivido.
- Ok, le dijo Manuel, yo le digo que vaya, cortando así la conversación, en tanto a lo lejos se oía la voz de su madre llamándolo a los quehaceres de la casa.
- Bye, dijo doña Susy, al tiempo que oprimía la tecla de "fin" para terminar la llamada.
Vio el reloj en su celular. Eran las 9:27 de la mañana. ¡¡¡Ufff!! Dijo, en voz muy baja, falta mucho para la comida y yo quemándome tan temprano, se sonrió. Buscó en su guardarropa un vestido corto, le llegaba a media pierna, se lo puso encima sin ponerse ropa interior. No sabía lo que pasaría pero estaba demasiado caliente. Se fue a la sala, y en una búsqueda rápida para pasarse ese calor que la sofocaba, oprimía con celeridad el botón de los canales de televisión sin que sus ojos, y mucho menos su mente, estuvieran concentrados en observar lo que las imágenes proyectaban. Sólo sentía el calor que le humedecía su depilada entrepierna, aprisionaba una pierna contra otra como deseando saciarse con ello, sabiendo que era imposible.


El "ding-dong" del timbre de su casa la sacó de sus fogosas cavilaciones, botó el control de la televisión sobre el sofá y prácticamente corrió a abrir la puerta. Ahí, parado frente a ella estaba "Toño", moreno, muy moreno, pelo largo algo encrespado, traía una camiseta negra sin mangas y un short deportivo amplio pero no muy largo, de esos que son de tela muy delgada y que tienen un calzón por dentro, cuya tela es muchísimo más delgada; calzaba unos tenis de moda. Susy miró hacia ariba, era alto, incluso más alto que su marido, tal vez alcanzaría los 1.70 o quizá algo más, en tanto ella con sus 1.55 m, se sentía bajita comparada con él. Se quedó como embobada, sí lo había visto de lejos y aunque había, en algún momento puesto los ojos en él, no había logrado hacer contacto, ni siquiera visual, es más llegó a pensar que ni siquiera vivía por la colonia. Su cuerpo tapaba la entrada en tanto sus ojos recorrían los musculosos brazos, propios de la juventud y adolescencia de quien tenía enfrente. Sintió los ojos posarse en el valle de sus senos
- Hola buen día, le dijo "Toño" rompiendo con ello las evaluaciones que hacía del joven, quien al parecer aprobaba sin algún problema sus índices mínimos de exigencia.
- Perdón, dijo doña Susy, pasa, tú eres "Toño" verdad? Lo dijo más para romper el hielo que para asegurarse, pues en cuanto lo vio confirmó que era el mismo chico que se reunía en la cuadra a jugar con los demás vecinos.
- Sí, dijo "Toño" con voz grave, característico de la adolescencia y que denotaba el cambio en su timbre. "Me habló Manuel, que usted necesita que la ayude en algunas cosas de su casa" dijo como vacilante, pues veía que la señora como que no atinaba el motivo de su presencia.
- Sí,.. sí... claro; perdón pero no te esperaba tan rápido. Necesito unos trabajos y como él me ha ayudado en otras ocasiones pues le pedí ayuda pero resultó que no podía, y me dijo que quizá tú me podrías ayudar en algo.
"Me llamo Susy" dijo extendiendo su mano derecha, "yo Antonio", dijo el joven "aunque todos me dicen ‘toño', bueno en realidad me dicen más ´negro´" dijo entre risas. Ella también sonrió, sin hacer más comentarios pues en ese momento ignoraba si dicho apodo molestaba al joven. "pasa.. pasa" repitió Susy un poco nerviosa aún. Pasaron a la sala. Se aseguró de cerrar bien tanto el portón que daba a la calle como la puerta de su casa. Puso seguro por dentro, sin disimular cierto nerviosismo que le daba la excitación que sentía. "qué curioso, pensaba, soy una mujer adulta y me pongo como adolescente, y él, uf! parece el adulto" y se sonrió.
- Siéntate, el dijo, con voz de mando, necesitaba recuperar la confianza y seguridad en ella. Ella era la persona adulta.
- Sí, gracias, dijo el joven. En tanto sus ojos se posaban en la pantalla de la televisión, doña Susy se sentaba en el seat love; ¿estaba viendo esa película? Le preguntó mientras sus ojos recorrían desde los muslos descubiertos de la señora hasta sus ojos para descubrir si la respuesta que le daría era cierta. Era un joven que a pesar de su corta edad mostraba mucha seguridad en él mismo.
- No... no... tartamudeó un poco doña Susy, y cruzando las piernas afirmó, antes que llegaras estaba viendo qué había en la tele, y cuando tocaste se quedó en ese canal, no estaba viendo algo en especial.
- Se llama "un embrujo", dijo el joven, mientras en la pantalla el padre golpeaba a Eliseo de manera brutal y debido a la intervención de la madre del niño, éste salía corriendo. Yo la tengo en dvd, si la quiere ver se la presto, dijo Toño.
- Está buena?, preguntó Susy, fingiendo así que no la había visto cuando en realidad sí sabía de qué trataba dicha película.
- Sí, si... dijo toño, de hecho yo la veo seguido, la película seguía corriendo en la televisión y cuando Eliseo -protagonista de la película- llegaba a casa de la maestra, doña Susy se mostró algo nerviosa pues sabía que se avecinaba.
La película prosiguió y el silencio reinó ambientando un espacio entre incómodo pero cachondo, cuando la maestra y su alumno aparecían acostados juntos en la misma cama, y más aún cuando el chico de la película empezaba a secar, con sus dedos, las lágrimas de la maestra y empezaba a acariciarla de manera tierna pero más que evidente, caliente y con intención de lograr algo más. Ninguno de los dos dijo algo cuando el chico levantándose de la cama se fue acomodando entre las piernas de la madura maestra, quien se abría para recibirlo sin reparos.
Susy volteó hacia "Toño" quien mostraba una erección más que evidente y que debido al short deportivo que vestía, la tela no mostraba ninguna resistencia para dejar que su pene se levantara fuerte y alto, apuntando directamente hacia el techo de su casa. La señora sintió un leve pero ardiente cosquilleo en su depilada y húmeda vagina, un cosquilleo caliente, suave pero rico, muy rico. Toño se dio cuenta que ella, de manera disimulada, se había dado cuenta de su tremenda erección, realmente él estaba muy caliente. La película lo excitaba mucho. En diversas ocasiones la veía en su casa y casi nunca terminaba de verla porque era tanta su calentura que terminaba masturbándose justo ahí en la escena que acababa de verse en la televisión.
El tamaño que mostraba el pene erecto de toño estaba poniendo demasiado caliente a Susy. Ella tenía un plan para seducirlo, pero todo parecía indicar que ya no sería necesario. Era un plan, quizá un tanto ingenuo pero que ya le había resultado en otra ocasión. Susy se puso de pie y contoneándose más de la cuenta se dirigió a la cocina.
- Te ofrezco algo? Le preguntó, tal vez un café, agua, refresco o algo que se te antoje? Dijo, insinuándose un poco para ir tomando confianza en ella misma. Necesitaba recuperarla. No era posible que ese joven la pusiera así. Caliente y deseosa de ser penetrada lo aceptaba, pero no insegura.
- Un refresco doña por favor.
- Ven, tómala toño, le dijo al tiempo que le servía en un vaso la refrescante bebida.
- Mmmm... perdón doña Susy, pero no puedo pararme, le dijo, me lo puede traer? Preguntó con cierta pena, mientras su falo seguía apuntando de manera dura y directa hacia el techo de la casa de la bella señora.
- Jajajaja... rió la señora, no me digas que esa película te pone así? Sin dejar de manera lujuriosa el bulto que se alzaba desafiantemente erguido por debajo de la delgada tela del short azul deportivo.
- La verdad sí, dijo toño, con aplomo, a mi siempre me han excitado las mujeres maduras; y la relación entre ese chico y su maestra me pone a mil.
- No olvides que es una película "m'ijo", asintió, y eso no pasa en la vida real, afirmó para saber qué decía toño y no porque ella así lo creyera.
- No se crea doña, dijo con seguridad el "negro", yo podría decir que sí pasa, afirmó sonriendo de manera descarada y mirando fijamente el candente y hermoso cuerpo de doña Susy, quien de manera discreta caminaba rumbo a él con los dos vasos de refresco en sendas manos.
- No me digas que tú tienes experiencia en esas "cosas", preguntó Susy con cierta morbosidad, al mismo tiempo que quedada parada frente al joven extendiendo su mano para que este tomara su refresco.
- Sí, sólo atinó a decir el chico, al tiempo que tomando el refresco, de manera instintiva se sobó su duro miembro para endurecerlo aún más, cosa que no pasó desapercibida para Susy.
- Cuenta, le dijo la hermosa y deseable señora, quien tomaba asiento al lado de Toño cruzando una pierna debajo de la otra para quedar de lado viendo así al joven y con el vaso de refresco en su mano derecha, sus ojos se posaban sobre la cabeza del pene cubierta por el short y bajaban hasta los huevos que no veía pero se imaginaba igual de duros como lo que se insinuaba bajo esa tela, y que parecía saltar un poco más ante sus ojos cuando la mano izquierda del "negro" soltaba su dura verga.

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Susy, el regreso y el fin del viejo http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2011/09/29/susy-regreso-y-fin-del-viejo 2011-09-29T14:48:19+00:00 El día pintaba soleado. De por sí la zona era muy calurosa y, hoy tan temprano, con el sol cayendo a plomo, Susy decidió salir vestida con algo muy ligero. Escogió muy bien la vestimenta, además recordaba que debería pasar a ver al tendero, había quedado muy formal en ir a pagarle. Un short de mezclilla corto, unas zapatillas negras altas, tamaño 12, y una blusa tipo camisa, a rayas, que remataba con un nudo alrededor de su cintura, como simulando un par de manos que apretujaban aquella fina y sexy cintura. Lucía como lo que era, una señora muy atractiva y muy ligera, aunque en el trato con ella no era tan fácil robarle siquiera un beso, más bien era ella quien decidía a quien dárselo, y no sólo eso, sino todo lo que pudiera ser comestible de ella. Esa mañana Susy había decidido no ir al gym. Le inquietaba ir a esa cita con Panchito, el tendero. Si bien era cierto que este no era un tipazo, a Susy le seguían llamando la intención los hombres maduros, y este no era la excepción. Era cierto que los jóvenes la hacían vibrar, e incluso a veces hacían que tuviera una multitud de orgasmos, como muchas penetraciones por hora, también era cierto, y no menos placentero, que la experiencia de los hombres maduros la hacían gozar cada instante, sin prisas y a plenitud, el momento en la intimidad.

Dejó a su niña en el kínder, no sin escuchar murmullos de las otras madres de familia que hablaban corroídas de la envidia y llenas de celos porque los ojos de todos los hombres incluidos sus maridos, volteaban a ver, unos con descaro otros con mayor recato, todo lo que podían ver de doña Susy. Segura estaba que más de uno hubiera deseado acompañarla a donde ella hubiese pedido en ese momento, sólo con el fin de pasar más tiempo en compañía de esa hermosa, deseable y cogible madre.
Se despidió de las amigas, quienes tampoco disimulaban su enojo por verla tan guapa, fresca y con un cuerpo tan bello y firme. Aún le faltaba como una cuadra para llegar a la tienda de don Panchito, cuando a la distancia vio un auto que se le hizo familiar. El color amarillo y el auto deportivo no le eran ajenos, este viró a la izquierda como yendo a su destino sin reparar en ella. Siguió caminando, cruzando sus pies uno delante del otro lo que ocasionaba que sus caderas se contonearan cual barco en altamar. Las negras zapatillas paraban más sus nalgas que ya de por sí desafiaban las leyes de la edad y de la gravedad, haciéndola ver demasiado antojable para cualquiera que caminara detrás de ella. A unos escasos metros de llegar a la tienda, su corazón dio un vuelco. El auto deportivo se paró junto a ella...
- Buenos días doña Susy, dijo una voz demasiado conocida para ella. Era una voz que ya antes le había hablado muy cerca de su oído diciendo tanto cosas hermosas como obscenas, y entre gemidos le había dicho lo buena que era para hacer el amor.
- Bu.. buenos días don Margarito, se le escuchó tartamudear.
- A donde va tan linda y hermosa como siempre? Le preguntó el viejo. Se me desapareció muy rápido, ya no supe más de usted.
- Mmm, dijo doña Susy al tiempo que se reponía de la primera impresión, la verdad es que no esperaba encontrar al viejo Margarito nuevamente, casi todos sus amantes eran de una sola ocasión, necesitaban ser demasiado buenos para repetir con ellos, pero el viejo Margarito tenía algo especial, algo que no lograba descifrar, algo que al tiempo que le hacía revolotear animales salvajes en su estómago y más abajo, le hacían sentirse la señora más deseable y bella del universo... usted tan caballero y galante como siempre don Margarito, no voy a ningún lado, sólo fui a dejar a mi nena al kínder y pasaba a pagar a la tienda... voy a mi casa, dijo con voz pausada para demostrar una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir. El viejo la inquietaba.
Si el viejo tuviera un oído biónico hubiera escuchado el latir apresurado y agitado del corazón de Susy, ese ritmo que había sentido hacía poco más de un año cuando sus cuerpos se abrazaban uno al otro sintiendo la intensidad que brotaba de la virilidad de don Margarito y que eran bañados por los jugosos aromas de ella, sólo en ese momento ella había sentido latir su corazón con tanta prisa y tanta intensidad, quizá era el recuerdo o tal vez los nervios de sentirse descubierta, como una niña que hace una travesura, no lograba entender porque se sentía así pero eran emociones indescriptibles.
- Si gusta la espero, le dijo, al tiempo que apagaba el auto para dejar escuchar aquella melodía que ella hizo sonar en la ardiente noche "hacer el amor con otro... no... no..." me recuerda a usted, le dijo el viejo al tiempo que señalaba hacia el estéreo de su auto, y le sonreía con gesto de complicidad.
Susy sólo sonrío y entró a la tienda. Pagó a don Panchito quien no dejó de mirarla como si estuviera desnuda, ni dejó de hacerle comentarios morbosos y en doble sentido... "y no desea algo más señora?, le decía... no sé, usted pida, leche, algo de carne o lo que usted quiera..." No, gracias, le decía doña Susy quien en su mente le seguía inquietando el viejo que la esperaba afuera. Salió de la tienda. Rodeó el auto por el frente, el viejo ya estaba de pie y con la puerta abierta. Sus ojos se posaron donde sus manos ya antes habían recorrido, las hermosas y tersas piernas de doña Susy. Esta se subió y al sentarse, sin miramiento alguno, los ojos del viejo Margarito recorrieron las piernas de Susy y se detuvieron unos segundos en los labios de su vulva que claramente eran dibujados por el short que al sentarse se apretaban un poco más, de lo que ya de por sí la apretaban.

Don Margarito arrancó su auto y enfiló hacia afuera de la ciudad. "no puedo tardarme" le dijo Susy, "debo volver por mi hija" sintiendo que en sus palabras daba a entender que estaba dispuesta para lo que el viejo deseara sólo que en ese momento no tenía el tiempo suficiente para pasar, y hacerle pasar, un momento lleno de placer. "No te preocupes" afirmó Margarito, mientras su mano derecha dejaba por un momento la palanca de velocidades y se desplazaba por el espacio para posarse suavemente en la pierna izquierda y descubierta de doña Susy, empezando por su rodilla y ascendiendo lenta pero de manera segura, hasta detenerse cerca de su muslo, en tanto que las yemas de sus dedos iban acariciando cada palmo de esa piel madura y firme; su mano derecha jugó con los pliegues de la tela del short de Susy, y su dedo índice buscó, a hurtadillas, los labios mayores de la intimidad de la señora. No entró más allá de unos cuantos centímetros, lo apretado del short dificultaba la acción, prefirió sacar su dedo, y sobre la tela, acariciar, casi de manera grosera, la concha de doña Susy, y esta, en un gesto más que caliente, abrió las piernas y tomando la mano del viejo lo restregó sobre la tela de su pantalón corto al tiempo que sus labios sólo alcanzaban a emitir sonidos ininteligibles; "sólo tomaremos un café o algo parecido", remató Margarito mientras retiraba su mano para concentrarse en conducir el auto.
- ¿Qué pasó? ¿por qué te desapareciste tan rápido? -le preguntó el viejo Margarito.
- No sé qué pasó, contestó Susy, una semana después que nos vimos, mi marido me dijo que teníamos que cambiarnos de casa, y casi al mismo tiempo llegó la mudanza, ellos empacaron todo y a mí me llevó a un hotel a vivir por ese fin de semana. También me pidió el celular y cambió el número, me argumentó que había estado recibiendo amenazas; no pude decirle que no y tampoco pude buscarte, discúlpame.
- Entiendo, no te preocupes. Yo tampoco pude buscarte, todo fue muy rápido. Tu marido me buscó el lunes muy temprano y me comentó que tenía un problema muy fuerte y que tenían que dejar la casa; fui con él a la casa pensando que te vería pero esta ya estaba desocupada. La verdad por un tiempo pensé que las cosas entre ustedes no estaban bien, pensé que había sospechado algo de lo que había pasado entre tú y yo. ¿Te dijo algo? preguntó el viejo.
- No, no... asintió Susy, todo está igual, todo bien. De verdad no sé qué sucedió, pero así fue.
- ¿y por qué no me buscaste? Le inquirió Margarito, tú sabes dónde vivo, me hubieras buscado.
- Sentí algo de miedo, en el fondo también pensaba que él había sospechado algo, discúlpame, pero además, lo más importante es que ya nos encontramos, le dijo la bella señora, en tanto pasaba sus sedosos dedos por encima del dorso de la mano del viejo, y se deslizaba, cuál ladrón en noche oscura, hasta la pierna derecha de don Margarito y bajar escurridizamente hasta su entrepierna, tocar con suavidad, sobre la delgada tela del pantalón el miembro semiduro del viejo; fue sintiendo como iba creciendo entre su delgada y pequeña mano, como poco a poco se fue endureciendo, y lo soltó cuando escuchó un leve gemido de placer que Margarito dejó escapar por sus labios. Sonrió cual niña traviesa, quitó su mano y le dijo, entre risas que escapaban alegremente de sus labios, "concéntrate papi, no vayamos a chocar".
La velocidad del auto disminuyó al tiempo que saliéndose de la carretera enfiló por un camino de terracería, recorrió poco más allá de 200 metros, al fondo se encontraba "El Venado", un pequeño restaurante de comida típica.
Tomaron una mesa en la terraza, cerca de la alberca. "El dueño es amigo mío" dijo Margarito, "pero no creo que esté hoy, es jueves, y es el día que hace las compras para el fin de semana... aquí se desayuna muy rico" afirmó. Ni bien acababa de decir eso cuando del fondo del restaurante surgió la figura de hombre de cerca de 50 años, moreno claro, fornido, se notaba en su cuerpo que hacía ejercicio, alto, cerca de los 1.80 de estatura, cabello entrecano, vestía un pantalón de gabardina azul marino y una camisa tipo polo que marcaba aún más su musculatura. Con paso seguro y firme se dirigió a la pareja, saludó de manera afectuosa a Margarito y volviendo los ojos, para saludar de un beso en la mejilla de Susy quien sintió un choque eléctrico sacudir y recorrer cada milímetro de su cuerpo para detenerse y juguetear, cual lengua viviente, su entrepierna hasta humedecerla. Las manos amplias y los dedos gruesos cobijaron la mano derecha de Susy, abrigándolas durante unos segundos -quizá más de lo normal- haciendo estremecer aún más los pliegues de sus labios mayores y sintiendo que el calor la penetraba sin piedad. Observó aquél rostro, Jorge era muy atractivo para su gusto. Su piel morena resaltaba sus ojos claros y penetrantes. Sentía derretirse pero debía comportarse. La voz grave y pausada de Jorge la subyugó. Después de la rigurosa presentación, tomaron asiento nuevamente y Jorge los acompañó unos minutos. Se despidió para continuar con sus labores, seguido de los ojos de Susy quien vigilaba, casi obsesionada, los movimientos de Jorge, observando cómo los músculos de sus brazos desnudos se tensaban a cada momento. Jorge regresó para despedirse, ella le preguntó a qué hora abría, él se portó como un caballero pues aunque entendió la indirecta le dijo que desde las 8 de la mañana ya había servicio en el restaurante; "qué bueno" dijo Susy, creo que el próximo año que es mi cumpleaños, vendré con mis amigas" "Serán ustedes bienvenidas y que honor me hará" le dijo Jorge, quien tuvo que disculparse nuevamente para salir a realizar sus actividades del día. El tiempo pasó muy rápido y Susy debía regresar por su nena. El regreso sólo había un tema para ella: Jorge, y aunque Margarito intentaba darle otro giro, ella volvía a preguntar más sobre él. Llegó por su niña, se despidió del viejo Margarito, y puso los miles de pretexto para no acordar una nueva cita con él, sólo le dio su número de celular y con un beso en la mejilla -aunque el viejo deseara mucho más- se despidieron.

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Susy y el casero, un final inesperado. http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2011/06/24/susy-y-casero-final-inesperado 2011-06-24T19:02:30+00:00 Margarito se levantó, se fue a la ducha y lavándose muy bien su aún erecta verga, fue experimentando sentimientos de satisfacción y superioridad; se sentía el hombre más afortunado del mundo, el triunfo era doble; por un lado hacer cornudo a su inquilino le causaba mucho morbo, al grado de excitarlo enormemente sólo de acordarse, y por otro lado, haber poseído a una mujer hermosa y por demás "tan buena", como eran sus propias palabras. Desde que conoció a doña Susy, aquella tarde, hacía poco un mes más o menos, cuando ambos, ella y su marido, fueron a visitarlo a su casa para acordar todos los detalles sobre la renta del inmueble, fue presa de un deseo morboso e insano que llenaban a cada instante su mente; hacerla suya en todas las formas y lugares posibles fue tomando forma en su calenturienta imaginación; siempre se la imaginó así, desnuda y entre sus brazos, gimiendo y pidiendo ser penetrada por él, clamando que su virilidad dura y palpitante la llenara por completo en un loco ritmo entrando y saliendo de ella, pero ni en sus más locos sueños creyó que eso se haría realidad. Cuando, fingiendo ser todo un caballero, le dio el paso al interior de la casa que hoy Susy y Carlos rentaban, en realidad lo hizo para admirar, desde atrás, esas hermosas y voluptuosas caderas que se balanceaban en un ir y venir siguiendo un ritmo erótico y sensual que sólo existía en su cabeza, pero que él pensaba ella lo tarareaba para mecer su cuerpo delante de él, y provocarle erecciones como adolescente. Esa tarde, ya en el interior de la casa, cuando doña Susy le dijo a Carlos, su marido, "mira mi amor, esta puede ser nuestra recámara, acá iría la cama..." él ya no escuchó más, pues su imaginación voló, y la vio acostada, completamente desnuda y posándose encima de ella, con su calor palpitante y duro, aproximándose a ella quien lo recibía con sus hermosas y bien torneadas piernas dispuestas a recibir aquel vigoroso embate, para luego albergarlo en su íntimo calor y apretarse con él hasta hacerse solo uno, luchando como animales salvajes para satisfacer sus deseos. Esa tarde, sintió subir y bajar el calor por todo su cuerpo experimentando una fuerte erección que tuvo que disimular pues ahí se encontraba Carlos, el marido de su futura inquilina. Y hoy, esta noche con especial orgullo de macho, dispuesto a todo por hacerla feliz nuevamente y llenarla, si estuviera dispuesta, toda la noche de placer y de su enhiesto y firme falo; tenía la seguridad de los efectos de la pastilla, pero más aún de la figura candente y hermosa que trazaba en el aire aquellas carnes maduras pero firmes de doña Susy.
Susy lo siguió, entrando también al baño, se aseó muy bien todas sus partes, indicando con ello que esa sesión apenas iniciaba. Salieron juntos de la ducha, desnudos y aún escurriendo un poco de agua. Las gotas de agua sobre la piel de Susy la hacían ver muy sexy, deseable, antojable, cogible. El agua se posaba en la piel de sus senos y podían verse como estos se "enchinaban" parando con ello los pezones oscuros de sus hermosas y sexys aureolas. Margarito se tendió en la cama, tomó el control de televisión y bajó el volumen hasta un nivel apenas audible. Susy se fue al vestidor y regreso con un baby doll negro, transparente totalmente, sin nada abajo, y con unas botas negras, también, que le llegaban hasta la rodilla. Caminó contoneando las caderas más de lo normal, el viejo Margarito seguía con sus lujuriosos ojos aquella fina y delgada hilera de vellos que ascendía por el vientre de doña Susy, hasta formar un hermoso y sensual triángulo invertido. Haciendo sonar los tacones de sus botas en el piso de madera de la habitación, anduvo unos pocos pasos, de paso apagó la luz del baño y aquello quedó en penumbras, iluminado sólo por la luz de la televisión. Como si ya fuera algo estudiado, tomó el control del aparato reproductor de discos y lo encendió, en el fondo se empezó a escuchar la música, era su canción favorita, la voz inconfundible de Alejandra Guzmán cantando "amanecer con él... a mi costado no es igual que estar contigo... no es que esté mal, ni hablar... sin ese toro que tú llevas en el pecho... " señalando con su dedo índice al viejo que la miraba fijamente; empezó a contonear sus caderas en un baile muy sensual, con pasos naturales que la hacían lucir más deseable; sus manos fueron subiendo y bajando por sus pechos, su abdomen, hasta llegar, para recrearse en su parte íntima; fue bajando sus caderas a media altura y subiendo su mano derecha hasta sus labios para después, en un gesto erótico y sugerente chupar, suavemente, su dedo índice y sacándolo de su boca para señalar con el mismo dedo hacia la cama donde yacía el viejo afortunado con su pene apuntando hacia el techo de la recámara matrimonial de Susy.
Acercándose lentamente a la cama fue subiéndose cual gata en celo, subió por las piernas llenas de vello del viejo Margarito mientras sus dientes mordisqueaban suavemente la piel de su hombre; llegó hasta la virilidad enhiesta, palpitante y caliente del viejo, fue ascendiendo milímetro a milímetro por la piel de los huevos, primero a besos suaves, hasta llegar al tronco de aquel falo que erguido la invitaba a saborearlo completamente, rodeó con su lengua y sus labios la base del venoso y duro pene que ante sus ojos se erguía; fue introduciendo la gorda cabeza que la hacía feliz cuando se sumergía en su húmeda y caliente cueva, su boca fue abrigando poco a poco succionando con fuerza mientras sus labios resbalaban por el canal del glande y en un esfuerzo pequeño, resbalaron más allá hasta sentir la dureza de aquella cabeza en la campanilla de su garganta.

Se introdujo más el caliente falo del viejo, hasta que llegó a sentir en sus hermosos labios los vellos púbicos, que en su mayoría ya pintaban canas, del miembro de Margarito, se recreó un momento en esa posición; sintió el sabor salado y dulce de los líquidos preseminales. Escuchó la voz de Margarito, "date la vuelta, dame tu panocha... acá -entre jadeos y aspirando el aire apenas, dijo el viejo- en mi boca". Suavemente fue girando su cuerpo, sin dejar de tener en su húmeda cavidad bucal la verga del viejo, hasta posicionar su ardiente intimidad en pleno rostro de Margarito. Éste tomó con sus manos las caderas de doña Susy, y fue acomodando los labios vaginales cerca de su boca, hasta darle un húmedo y rico beso. El viejo sintió en sus labios el sabor salado que ya emanaba de la vagina de Susy, los saboreó con toda lentitud, no tenía prisa, era su noche. Fue besando los labios mayores de la intimidad de la señora Susy, fue un beso suave, luego uno más profundo, hurgando con su lengua la caliente abertura; después fue un beso más intenso, de mayor tiempo, su lengua recorrió con mayor profundidad y lentitud el interior de aquella húmeda, oscura y caliente cueva. Era difícil para doña Susy concentrarse en lo que estaba haciendo, por un lado succionar con firmeza pero al mismo tiempo con suavidad el pene de Margarito, y al mismo tiempo experimentar las olas de placer que los labios y la lengua del viejo le proporcionaban, era indescriptibles. A Margarito le pasaba algo semejante; sentir la boca de Susy abrigar por la cabeza de su verga al tiempo que succionaba, y la mano de la señora subir y bajar la piel de su falo duro y caliente, era para él casi tocar el cielo.
Siguieron así durante un rato más, dándose placer mutuamente. Los gemidos, quejidos y, casi alaridos, de placer, inundaban el espacio de aquella habitación que en otras noches era el lecho de Carlos y ella. Llegó por fin el momento, ambos se entendían a la perfección. Margarito se fue levantando de la cama, dejando a Susy en esa posición, con sus manos perpendiculares a la cama y sus rodillas descansando en la mullida colcha azul que cubría el lecho matrimonial. Margarito se puso atrás de ella, con su pene duro apuntó a la vagina chorreante de Susy, fue ensartándola sin piedad. Susy dejó caer su rostro en la cama, sus manos ya no la sostenían. El viejo siguió arremetiendo duramente contra las nalgas de la señora mientras sus manos sostenían con fuerza las caderas de Susy para evitar salirse de ella. Tardaron varios minutos en esa posición, ella pedía más y más, él hacía su mejor esfuerzo. Era notorio que no pensaban cambiar de posición. Los gritos que se escucharon indicaron que ambos alcanzaban el clímax...


Los recuerdos se fueron desvaneciendo de la mente de Carlos mientras recostaba su cabeza en la almohada de su cama. Él sospechó desde un principio del viejo Margarito. Desde aquella tarde que fueron a verlo para acordar los detalles de la renta de la casa, vio en los ojos lujuriosos del viejo las ganas de poseerla, si hubiese sido posible ahí mismo. Unos días apenas de haberse cambiado a esa casa, su mujer, doña Susy, le había comentado que el viejo había ido a la casa muy temprano; había llegado así, nada más, de improviso, preguntando por él, por su marido, aún a sabiendas que Carlos le había comentado que él trabajaba todas las mañanas, que no tenía vacaciones en esos días; o quizá precisamente por ello el viejo había ido a su casa. Ella estaba con una bata de tela gruesa pero sin nada debajo. No dudaba de su mujer, pero si del viejo. Pero esa noche especialmente, después de hablar la primera vez con su esposa, no le sonaba igual. Ella siempre le decía que era muy temerosa de quedarse sola en casa, y casualmente, eso no ocurría esa noche. Así es que en lugar de ir a cenar, bajó de su habitación y tomó su auto. El trayecto a su casa no era más allá de una hora y media, en el trayecto habló con su mujer nuevamente, y la notó aún más extraña, él fingió estar en el hotel e irse a descansar. Llegó a su casa, y dejó estacionado su auto en la esquina más próxima. Caminó con llave en mano, se sentía un poco culpable, o quizá un "mucho", por dudar así de su mujer. Cuando la conoció ella casi cumplía los 30 años, el andaba ya en 53, pero se sentía fuerte. La relación duró muy poco en ser formalizada. Ella no era casada, él en segundas nupcias. Desde el inició Susy siempre fue muy fogosa. Al principio él respondía bien, pero hoy a sus 60 años y ella en los 37, tenía problemas de erección, y cuando podía lograrla era tal su excitación que no podía controlarse y eyaculaba apenas entraba en la vagina de su esposa. Él sabía que aquello podría convertirse en un problema, pero no dudaba de ella.
Su corazón dio un vuelco cuando vio el deportivo amarillo de don Margarito dentro de su casa. No hizo el menor ruido, fue ubicándose donde lo pudo ver todo. Su corazón era una mezcla de coraje y furia, pero había algo más y que no terminaba por aceptarlo, también sentía excitación, y cosa contraria a todas las noches, tenía una erección de roca, como en sus años mozo. Lo pudo ver todo. Pero no quiso causar ningún problema. Vio su reloj y eran casi las dos de la madrugada. Salió de su casa y viajó nuevamente por la autopista para volver a su hotel y descansar un poco. Durante la hora y siete minutos que duró el viaje, en su mente sólo existían las imágenes de su mujer siendo penetrada duramente por el viejo Margarito, y en su entrepierna una erección más dura que una roca.
Volvió a la realidad, la voz de su esposa lo llamaba a cenar. Tenía un gran amor por ella, la vio poniéndole la fruta en la mesa del comedor. Estaba lindísima. Sólo una bata corta y semitransparente cubría su hermoso, ardiente y multiposeído cuerpo. Abrazó a su nena, la puso en sus piernas y se sentó a cenar.

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Susy, una ama de casa muy dulce 5 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2011/01/26/susy-ama-casa-muy-dulce-5 2011-01-26T13:14:54+00:00 Mientras las dos manos de doña Susy halaban hacia abajo el apretado short que se había puesto por un momento Raúl, su rodilla derecha se doblaba para posarse en el piso y quedar en cuclillas delante de él. Ataviada en una amplia y floreada bata sus formas se desdibujaban bajo esa vestimenta, Raúl apenas podía ver por el estrecho hueco que se alcanzaba a formar por debajo de su rostro trazando apenas el nacimiento de un par de blancos senos; sin alcanzar a distinguir mucho su imaginación hizo el resto excitándolo aún más. El short bajó de un solo tirón casi hasta los tobillos del joven albañil al tiempo que su falo semierecto salía de su escondite apuntando hacia el bello rostro de Susy, en un vaivén de arriba hacia abajo, moviéndose varias veces y obligando a esta a seguirlo con la mirada y pasarse, quizá inconsciente o tal vez con todo el deseo que contenía su cuerpo, la lengua por sus labios y volteando hacia arriba para mirar a Raúl quien de pie observaba todo desde ahí, como una niña que pide permiso para comerse el caramelo que ha deseado por algún tiempo. No se había equivocado, aquel falo lucía grueso y largo, aún no estaba totalmente erecto y mediría poco más de 15 centímetros, tal vez alcanzaría los 20 cuando se parara por completo, lo palpó con sus dedos, aquella verga negra y gruesa todavía no se ponía del todo dura. Siguió mirando fijamente a los ojos de Raúl, estaba subyugada ante aquel ejemplar: por un lado un joven alrededor de los 25 años, fuerte y musculoso, aún siendo ella joven tuvo un novio así mucho menos un amante, sus amantes habían sido por lo general hombres adultos que la apoyaban en sus estudios y le proporcionaban placer; y por otro lado aquel pene obscuro, casi negro, tan grueso que no podía rodearlo con su mano completamente y largo que aún sin alcanzar su tamaño completo, ya era grande y veía como iba cobrando todavía más vida delante de sus ojos. Definitivamente, volvió a pensar, no se había equivocado. Aquella figura que había observado a través del pantalón corto, hoy se presentaba ante su mirada lasciva. Tenía el tamaño y casi la forma que se había imaginado. Aquel palo palpitante y vivo apuntaba hacia su izquierda en una curva que le parecía más que excitante y cachonda. En señal de lo que él deseaba, la tomó suavemente con ambas manos alrededor de la nuca, la atrajo hacia sí, ahí mismo en el pasillo que daba a su recámara matrimonial, fuera del baño, doña Susy no opuso resistencia, fue dócil, deseaba serlo, hacía ya varias veces que ella era la que dominaba, pero hoy ante ese macho quería ser sumisa, abrió la boca lo más que pudo y fue introduciéndose lentamente la colorada cabeza. Poco a poco se fue sumiendo en su húmeda y caliente cavidad bucal un centímetro, luego fueron dos hasta abrigar completamente aquella cabeza palpitante. Las manos de Raúl la tomaban de los cabellos y la empujaban con cierta rudeza hacia su pene. Ella sentía como aquella carne viva iba cobrando mayor dureza y crecía palmo a palmo entre los pliegues húmedos y calientes de su boca. El tamaño cada vez era mayor y el grosor de aquel palo juvenil y ardiente llenaba por completo su boca que por más que lo abría no lograba abarcarlo todo, las paredes laterales de su boca rozaban literalmente con la piel suave y dura de aquel hermoso pene. Abría lo más que podía su boca, formando casi una perfecta letra “O” para abrigarla por completo con el calor de su húmedo orificio bucal. La sacó un poco de ella para chupar, cual de niña lo hiciera con aquel sabroso y prohibido dulce, la punta roja y palpitante de aquella deliciosa verga que se presentaba ahora ante ella. La ensalivó completa, la sacaba y se la volvía a comer, con su mano derecha retraía la piel completamente hacia la base del pene, alejaba un poco su rostro, la veía con demasiada lujuria que no cabía más en sus ojos para nuevamente en un movimiento rápido y decidido volver a meterse lo más que le cupiera dentro de su caliente y ardiente boca. La succionaba duramente, sin piedad, aun cuando sentía que la punta le rozaba la campanilla. Una mano jugaba con las bolas de Raúl, mientras que su boca se recreaba con aquel falo enhiesto y caliente y su otra mano retraía la piel de la verga para descubrirla completamente y así introducirse el mayor número de centímetros de ese caramelo macizo que le sabía a gloria. Pronto su boca sintió el sabor salado del líquido preseminal, chupó con mayor fuerza hasta sentir las manos de aquel joven y fuerte albañil que en un movimiento suave pero firme la levantaban de las sienes para indicarle que no siguiera, que él deseaba que ella se pusiera de pie. Ella se levantó poco a poco hasta quedar totalmente de pie, ahí frente a Raúl, alzándose sobre la punta de sus pies buscó los labios del albañil para fundirse en un beso ardiente; sus lenguas se entrelazaban cual si tuvieran vida propia. Raúl se inclinó un poco para besarla con mayor comodidad. Susy era pequeña, apenas alcanzaba los 1.55 metros de estatura, en tanto que Raúl, alto y musculoso, llegaba un poco más allá de los 1.70. Para Raúl era un sueño, ahí la tenía, entre sus brazos, delgada pero bien formada. Su cintura podía ser abarcada por sus brazos, en tanto que sus nalgas redondas, firmes y paraditas podían ser acariciadas de la forma como él quisiera. Doña Susy aún tenía un poco húmedo el pelo, recién se había bañado también. Ella fue sintiendo la erecta y dura verga de Raúl punzarle casi a nivel de pecho, la tomó con una mano en tanto seguía sintiendo los labios ardientes del albañil succionar fuertemente los suyos, en tanto que su lengua se enroscaba con la de él. Raúl la separó un momento, la miró con todo el deseo ardiente que sentía, Susy sólo vestía una bata holgada, tomó los extremos inferiores de la bata y la pasó por encima de la cabeza de ella. Sus manos recorrieron palmo a palmo lo que sus ojos a la distancia no podía hacer. Ahí la tenía a su merced. Completamente desnuda. Su mirada se fue posando en cada milímetro de aquella hermosa y nívea piel. Acarició sus aureolas que se erguían como muestra de su excitación. Corrió por su plano vientre hasta llegar a su pubis perfectamente depilada con sólo una hilera fina de vellos que ascendían desde su intimidad ardiente hasta diluirse suavemente en su cintura. No dijo más, la tomó entre sus brazos, la alzó con suavidad pero con la fortaleza propia de su cuerpo y su juventud. Ella se dejó llevar. Recorrió con ella el pasillo hasta depositarla en la cama matrimonial, donde noche a noche dormía con Carlos, su marido. Los labios de Raúl fueron recorriendo cada palmo de aquel vientre blanco de la señora, besándola primero muy suave y después con mayor deseo, fue arrancando ligeros gemidos de Susy. Llegó hasta los labios íntimos para posarse cuál ligera mariposa cuando descansa en la más delicada flor. Los besó con cariño, con dulzura, con amor... fue sintiendo como Susy levantó ambas rodillas y dejarlas caer a ambos lados para abrirse un poco más y con ello facilitarle el trabajó, en tanto sus labios dejaban escapar un “sigue” con demencia, con deseo, con lujuria. La ternura del primer momento dio paso al deseo carnal, lujurioso y lascivo de Raúl. Empezó a besar con mayor fuerza los ardientes labios inferiores de la señora en tanto su lengua empezaba a profanar aquel recóndito, oscuro y caliente hueco, que se suponía debía ser sólo del marido de Susy. Su lengua cobraba vida propia para introducirse milímetro a milímetro sintiendo el calor y percibiendo el sabor que emanaba de aquella cueva húmeda y ardiente. Cada vez entraba un poco más haciendo gemir a doña Susy, quien apretando las rodillas contra las orejas de Raúl y entre bocanadas de aire que halaba para poder respirar sólo lograba emitir sonidos ininteligibles que se mezclaban con sus propios gemidos creando un ambiente propio de una película porno. La nariz de Raúl a ratos aspiraba fuertemente para llenarse de los olores de la caliente vagina de Susy y por otros momentos se enterraban en el hueco ardiente hurgando así los placeres escondidos de la vulva mojada y chorreante de la señora que respondía con varios “más” prolongados y ahogados en el tormentoso pero dulce mar del placer. El tiempo corría como miles de golpeteos de caballos desbocados que fuertemente pisaban en las sienes de Susy, el latir fuerte de su corazón era el ritmo que marcaban las manecillas del espacio que se bañaban del placer que ella sentía. Aquella habitación se teñía de múltiples colores como prueba de las oleadas calientes que bañaban el interior de las entrañas de tan hermosa señora al sentir la lengua viva y dura de Raúl que buscaban aquellos puntos más sensibles de su intimidad. No supo cuánto tiempo transcurrió, sólo lamentó por breves instantes que el joven albañil se separara de ella para quedar erguido frente al hermoso cuerpo desnudo de Susy que se dibujaba lleno de placer, y emular así a su hermosa verga que ya muchos minutos antes yacía duro y parado cual mástil más alto de un velero. La cara enrojecida de Susy indicaba cuánto estaba disfrutando el momento, los dientes que mordían desesperadamente los labios inferiores de su boca eran la ansiedad que mostraba cuando deseaba que aquello no terminara. Quizá pasaron dos segundos pero para ella fue una eternidad, no sentir la lengua y en ocasiones la nariz de Raúl en su íntima, ardiente y perfectamente depilada vulva la hacía sentir deseosa de pedir más, su mente no pensaba sólo deseaba seguir sintiendo. Un “oh” prolongado y cachondo escapó de sus labios cuando los 21 centímetros duros y gruesos fueron llenando completamente los pliegues húmedos y calientes de su vagina, sólo alcanzó a doblar las rodillas al aire para permitir así que Raúl se encimará sobre ella sosteniéndose en sus delgadas pero fuertes piernas. Raúl entraba y salía como poseso, como un loco que deseaba volver a la cordura después de cabalgar aquella yegua brava pero que deseaba ser domada. La habitación matrimonial se llenaba de ayes, quejidos y gemidos ardientes que volaban para posarse en todos los rincones de aquella recámara, donde noche a noche sólo era testigo mudo de charlas simples y sin sentido para ella, donde las palabras de Carlos, su marido, muchas veces la arrullaban para llevarla plácidamente a brazos de morfeo; en esa habitación donde la noche anterior ella se quemaba por sentirse poseída y Carlos sólo alcanzaba a desearle “buenas noches”. Pero hoy era diferente, ahí estaba un hombre de verdad. Un macho joven, fuerte y vigoroso. Sus palabras, tanto de él como de ella, rayaban en la soez, en la vulgaridad... propios de una entrega desenfrenada y ardiente. Sus palabras llenaban cada hueco de aquel dulce espacio nupcial cómo si fueran los cascos de dos animales, hembra y macho, salvajes que a lo lejos se entregaban a una pasión llena de locura y deseo.

Los movimientos frenéticos de Raúl cesaron por un momento. La miró a los ojos, y contra el pesar de Susy se separó de ella. La tomó de sus piernas y en un movimiento rápido y ágil le fue indicando cómo quería que ella se pusiera para que la siguiera poseyendo. Susy entendió perfectamente, levantó su cuerpo para sentarse por unos momentos en la orilla de la cama, subió sus pies y apoyándose en ellos giró el cuerpo para así apuntar directamente con sus redondas, firmes y suaves nalgas el cuerpo atlético y juvenil de Raúl, mientras sus brazos descansaban perpendicularmente en la cama, giró su cabeza en un movimiento sexy, hacia arriba, para mover su cabello y así dejar al descubierto su cuello y parte de su rostro. El joven albañil quien en ningún momento perdió la rigidez y dureza en su miembro se acercó lentamente hasta la cueva caliente de la doña Susy, de un solo golpe le dejó ir los pocos más de 20 centímetros de carne dura, ardiente y gruesa. Los gemidos de la señora resonaron en toda la casa. Eran gemidos de placer y locura del paroxismo al que la llevaba cada embate de Raúl cuando en movimientos fuertes y rudos le tocaba el fondo de sus entrañas. Con sus fuertes manos Raúl se aferró de las redondas y protuberantes caderas para quedar prácticamente unido a ella, moviendo su cuerpo hacia adentro de ella para luego salirse unos cuantos centímetros y volver al ataque de aquella más que mojada y ardiente cueva que le abriga su verga carnosa y llena de venas gruesas y a punto de explotar, la cual a doña Susy le daba una sensación de ser más gruesa de lo normal. A cada nuevo embate la gloria bañaba en sudores el cuerpo de Susy. Cuando el joven y musculoso albañil empezó a sentir que el final se acercaba, alargó su brazo derecho hasta tomar la cabellera azabache y sedosa de Susy, la haló con firmeza pero al mismo tiempo, con cierta suavidad. Ella tuvo que echar la cabeza hacia atrás mientras sentía que aquel pequeño dolor incrementaba las oleadas de placer que inundaban su vagina cuando la verga de Raúl entraba y salía a gran velocidad de su intimidad. Era el momento que esperaba Raúl, mientras sostenía con fuerzas su cabello y la halaba cual jinete que doma a una yegua salvaje, sus labios se abrieron para dejar escapar las palabras que redondearían aquel ardiente e infiel encuentro:

- Te gusta putita? Dijo, sin reparos, sin rubores...

- Siiii.. papito.. coges riquísimo.. siiii.. sigue.. dijo doña Susy quien ese tipo de palabras la excitaban mucho más.

- Te gusta coger mucho verdad putita, te encanta la verga.. verdaaaaadd???

- Siiii.. siii.. me gusta que machos como tú me cojan.. siiii.. sigueeeee... siii oooo.. que ricoooooo… siiiiigueeeee... aaaaaaaaaaaaaa

- Me voy a venir perrita... me voy a veniiiiirrrr....

- Damelos.. échamelos... oooooooo.. siiiii.. mássss... maaaaaaasss.. siiiii.. asiiiii.. ooooo... siiii.. que ricooooo.. ooooooooooo... aaaaaaaaaa.

- Aaaaaaaaaagggggg..... exclamó Raúl al tiempo que ambos cuerpos se cimbraban como consecuencia de haber alcanzado el clímax de esa entrega lujuriosa.

Susy se dejó caer sobre la cama matrimonial sin dejar salir de ella aquella negra y hermosa verga. Raúl se recostó un poco sobre el cuerpo de la señora Susy. Así estuvieron unos momentos. Hasta que Susy interrumpió el momento. “debo ir por mi nena al kínder” dijo. “Y tú debes ir a casa de tu chalán sino vendrá tu patrón y te `irá como en feria´ al ver que no trabajaste hoy” concluyó. Contra su pesar Raúl se levantó al tiempo que decía, “tienes razón, ya hasta se me había olvidado”... “jajajajaja” se escuchó la carcajada de ambos. “si quieres lavarte ya sabes donde, le dijo a Raúl, mientras voy por tu ropa que ya debe estar seca”. Raúl obediente se metió al baño. Transcurrieron los minutos. Raúl volvió a saltar la pequeña barda trasera para salir por la casa aledaña donde él trabajaba, en tanto que doña Susy ataviada con sus apretados pantalones de mezclilla se dirigió al kínder para recoger a su nena.

Ya venía de regreso de la mano con su nena del kínder.

- mami me compras un yogurt? Le dijo la nena.

- Si mi amor, contestó ella, ahorita que pasemos a la tienda de don Pachito te lo compró, te parece?

- Si mami, dijo la nena.

- Don Panchito, cuánto cuesta este yogurt? Preguntó ella desde lejos, pues sabía que aquel viejo siempre que pasa por ahí sus descaradas y mórbidas miradas la recorrían desde el pelo hasta la planta de sus pies.

- 7 pesos, dijo don Panchito, quien no perdió la oportunidad para clavar su miraba en el pequeño escote que se abría en forma de diamante dejando ver, apenas, un poco del nacimiento de los senos de Susy, pero que a Panchito le parecía el nacimiento de la gloria, pero para usted ya sabe, dijo el viejo tendero, puede llevárselo y luego me lo “paga” remató con un dejo de deseo insano en sus palabras.

- Está bien, dijo doña Susy, pero pues entonces me aprovecho y me llevo también un refresco y este queso que me gusta mucho, ¿está bien? Inquirió, sabiendo de antemano la respuesta, y ya mañana antes de ir por mi niña al kínder paso a pagarle, le parece? Y sin dejar espacio para una respuesta, concluyó sólo espero que doña Meche no se enoje por que me fía.

- No se preocupe doña, dijo el tendero, el negocio es mío y yo sé lo que hago, la espero mañana, está bien, afirmó.

Susy, se dio media vuelta sin soltar a su nena de la mano, y mientras sus pies se alzaban para pasar el pequeño escalón que se levantaba en la puerta de aquel tendajón, los ojos de Panchito se posaban en ambas nalgas que apretaban aquel pantalón deslavado de Susy apretaban cual si fueran dos manos fuertes, y como si fuera posible, le daban una mayor forma y volumen. En su mente calenturienta el viejo tendero la imaginó de muchas maneras y Susy tomaba forma en múltiples posiciones.

Ya estando afuera, Susy volteó por un momento para decirle, “mañana pasó, don Pachito, mañana sin falta le pago”

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Susy, una ama de casa muy dulce 4 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2010/12/02/susy-ama-casa-muy-dulce-4 2010-12-02T13:16:18+00:00 Carlos llegó en punto de las 7 y media de la noche. Susy –su mujer-la esperaba con una sonrisa y una alegría franca, producto de haber gozado, intensamente, esas dos vergas que por la mañana la habían poseído. Era jueves y el fin de semana llegó pronto. Como acostumbraban el domingo por la mañana salieron a desayunar a un pueblo cercano. El aire campirano revivía a Carlos y a ella le agradaba ir a esos espacios donde los hombres rudos no tenían reparo en observar sus nalgas, que como siempre, se apretujaban en sus pantalones de mezclilla.

Esa mañana decidió usar una blusa corta de tal suerte que su delgada y fina cintura se podía apreciar con detalle. Sin gramo de grasa y sí dándole una figura deseable, antojable, encamable y cogible, a cada paso que daba por el zócalo de aquel tranquilo pueblo más de una docena de ojos se posaban en toda su figura, llenando a todos de deseos insanos, calientes pero llenos de placer. Estaba segura que más de uno en la noche al coger con su mujer estaría pensando en ella. Y que decir de aquellos jóvenes y adolescentes, quienes seguramente no llegarían a su casa sin antes haber pensando en ella mientras se acariciaban sus duras y venosas vergas al tiempo que lanzaban en chorros potentes su simiente sólo de acordarse de esa hermosa y cogible señora.

 

La tarde del domingo frecuentemente lo usaban para descansar en el patio trasero. Si bien esta casa no tenía la amplitud de la casa del viejo Margarito, si era lo suficiente para ellos dos y la beba. Colindaba con dos casas a los lados. Atrás de su casa, no había nada. Casas deshabitadas solamente. La del lado izquierdo deshabitada y separada por una barda pequeña, de alrededor de unos 80 centímetros de altura. Sabían de oídas del dueño pero no lo habían conocido. La otra casa habitada por un profesor que nunca estaba, se iba muy temprano y regresaba después de las 8 de la noche. Afortunadamente, pensaba Susy, la casa de al lado está deshabitada, pues la pequeña barda permitía ver hacia el patio de esta, y aunque ella no era inhibida, siempre la privacidad le daba más comodidad.

Todo parecía transcurrir en la más completa normalidad de cualquier tarde de domingo. Sentados ambos, Carlos y Susy, tomando cada uno una bebida refrescante y retomando fuerzas para iniciar la siguiente semana. De repente cerca de las 7 de la noche oyeron ruidos en la casa de lado. Voces de hombres, una como dando indicaciones, la otra respondía casi con monosílabos.

- Buenas noches vecino, dijo una voz masculina del otro de la pequeña barda.

- Buenas noches, respondió Carlos, siguiendo de la misma pero apenas audible respuesta por parte de Susy.

El otro muchacho, por que eso era, acaso rondaba en los 25 o 27 años, también saludó con mucho gusto al ver a la guapa y hermosa señora que, sentada en la silla, con la seguridad que nadie la vería, solo tenía puesta un ligero vestido que al sentarse se subía y más con las piernas cruzadas, como en ese momento se encontraba Susy. No era precisamente que se sintiera incómoda al notar los cuatro ojos que se posaban en sus piernas para luego recorrerla completamente por todo su cuerpo, deteniéndose en cada parte de su exquisita anatomía; estaba acostumbrada a ello. Desde los pelafustanes que le decían muchas cosas vulgares y más que descriptivas y que ella sentía como lenguas que la rodeaban por sus partes más escondidas, generando con ello un calorcito típico de la excitación, hasta aquellos amigos de su marido que no perdían la oportunidad para manifestarle sus más sucios deseos de llevársela a la cama, pasando por supuesto, por aquellas “amigas” que sin disimulo alguno la tachaban de “puta” diciendo cosas con sus venenosas lenguas. Afortunadamente a la mayoría de estas no las veía muy seguido. No era que se incomodara, simplemente que ahí estaba su marido. Se puso se pie, y disculpándose con los presentes, se metió a la casa por la puerta trasera de la cocina, siguiéndola, obviamente, las miradas de los recién llegados, cuyos ojos parecían bambolear detrás del andar de Susy, quien sin exagerar contoneaba sus caderas en un precioso y suculento caminar.

Un rato después entró Carlos, “el vecino va a hacer unos arreglos a su casa, mañana empezarán y me pidió que le ayudáramos con el agua, ya que todavía no tiene, yo le dije que sí, así es que mañana te estarán pidiendo agua” dijo su marido a Susy sin esperar respuesta de ella y dándoselo más como una instrucción que como una petición. Susy hizo un mohín de disgusto, no le parecía simplemente que otra persona trastocara sus planes, además que con la presencia de albañiles trabajando en la casa de al lado mucha de su intimidad se veía amenazada. Sin embargo como buena esposa que era no dijo nada y cambió el tema de conversación.

La mañana siguiente fue un día normal para Susy. Sólo recordó el tema del agua cuando al volver del gym, una vez dejado a su nena en el kínder, vio en la acera de la casa de al lado sentados a dos jóvenes uno más chico que el otro. Por supuesto que en un principio se extraño pensando en quiénes podrían ser, y hasta su mente cochambrosa y caliente se imagino que quizá “el chino” le había contado a sus amigos lo que apenas unos días antes habían disfrutado. Cuando cayó en la cuenta de quiénes eran se sintió algo apenada. No había recordado que tenía que darles agua, tampoco su marido se lo había recordado.

- Mil disculpas joven, dijo dirigiéndose al muchacho que una noche antes había visto, de verdad se me olvidó lo que mi marido y el dueño de la casa acordaron, y como tengo que llevar a mi beba al kínder y luego paso al gimnasio se me hizo tarde, aclaró como queriendo dejar en claro que no era por que no quisiera, simplemente sus ocupaciones no repararon en el acuerdo anterior.

- No se preocupe señora, dijo el muchacho, la verdad es que la entiendo, al contrario discúlpenos por causar estas molestias, afirmó sin que sus ojos dejaran de recorrer el cuerpo de doña Susy, pero ahora iniciando por sus ojos, pasando por sus labios, deteniéndose un rato en sus pechos, rodear su cintura, jugar en sus caderas para entretenerse en su entrepierna durante unos instantes. Cosa que no pasó desapercibida por Susy, quien envuelta en unos pantalones deportivos ajustados y una playera tipo “ombliguera” sintió nuevamente ese calorcito que la recorría por todos los poros de su piel.

Ya con un poco más de confianza le dijo “se hubiera brincado la barda, al fin y al cabo que no está alta”, y haciendo una pausa cómo quien no recuerda un nombre, se quedó con los ojos fijos en los labios del chico. “Raúl” dijo el muchacho, extendiendo la mano derecha para saludarla sin dejar de mirar sus ojos y en un brinco posarse en ambos senos como acariciándolos. Susy, dijo ella, correspondiendo al saludo y extendiendo la mano también le sostuvo la mirada, pero sin dejar de sentir un cosquilleo en su cuerpo observó detalladamente los labios del joven cuando al abrirse y cerrarse el joven dijo “mucho gusto doña Susy, encantado de conocerla”, Susy observó el movimiento de su lengua que como presa de espasmos se movió lentamente entre los blancos dientes de Raúl causando con ello que doña Susy deseara que así se moviera, como con vida propia, en los labios íntimos y ardientes de su depilada vagina, para luego hurgar lo más hondo y profundo que pudiese.

Los días pasaron esa mañana especialmente Susy había amanecido con un calor más intenso y un cosquilleo más fuerte en su cuerpo. Ya era casi una semana que había estado con “el chino” y Manuel. De hecho “el chino” había ido esa mañana a verla, y aunque ella lo pasó al interior de su casa, no sucedió nada. Tener a un lado a Raúl trabajando junto con su “chalán” no le daba confianza ni se atrevía a tanto. “El chino” se fue frustrado por haber podido desayunarse a doña Susy y ella se había quedado más que excitada de tenerlo cerca y no haber podido ser gozada y penetrada. Sólo unos cuantos besos y manoseos del “chino”. A lo más que se había atrevido fue hincarse, ponerse en hinojos, sacarle la verga al “chino” y mamársela, pero este empezaba a hacer mucho ruido. Detuvo su trabajo y prefirió quedarse con las ganas. Despidió al “chino” y subió a su recámara, esa que unos días antes había sido la protagonista de todas las posiciones que a ella se le hubieran ocurrido. Movió suavemente la cortina. Raúl trabajaba en el techo de la casa aledaña, que por ser de un piso como la mayoría de las casas por ese rumbo, presentaba ciertos problemas de goteras. Raúl traía un pantalón corto para trabajar, en cuclillas realizaba sus labores propias, mientras los ojos de doña Susy recorrían sus brazos musculosos producto de varios años de hacer ese trabajo. Los golpes que Raúl daba en las cadenas de concreto resaltaban su musculatura. Los ojos de la señora lo fueron recorriendo hasta detenerse en la unión de las piernas de Raúl, algo asomaba por un lado de sus pantalones cortos. Era obscuro y redondo, no sabía si estaba viendo bien, se talló los ojos y sin abrir mucho la cortina la detuvo con una silla recargada en la pared. Fue por sus binoculares, enfocó la entrepierna del muchacho. Claramente se dibujaban dos bolas apretadas con sus pantalones cortos y una tercera asomaba sin miramientos hacia el exterior. Era obvio que no debería usar trusa, de otra forma esa enorme bola negra no buscaría sin dificultad la luz del sol. Se dio cuenta cuando pasó su lengua por sus labios, se estaba excitando más. Siguió observando y lo que creyó eran dos bolas apretadas por el pantalón fue tomando forma cuando en un movimiento Raúl se acomodó con una rodilla en el techo y la otra pierna doblada, se notaba largo y grueso, era su verga. Ayudada con los binoculares lo distinguía perfectamente, aún en ese estado de flacidez podía verla grande y gruesa. Recordó cuando una amiga de la universidad le había comentado que su novio por ser bastante moreno la tenía larga y gruesa, “así son los negros”, le había dicho su amiga “la tienen grande”; semanas después a ella le tocó constatarlo cuando el novio de su amiga la buscó por una supuesta ruptura con su novia y buscando consejos se acercó a Susy, quien aparte de consejos lo consoló en toda su extensión. Raúl era muy moreno, sin llegar a ser negro, era de piel bastante oscura. Cerró la cortina e intempestivamente se llevó la mano derecha hasta su húmeda y caliente cavidad íntima, se tocó con furia mientras se recargaba en la pared.

Llegó el viernes, y ella estaba más que ardiendo en deseos. Para colmo de males la noche anterior Carlos ni siquiera pudo hacerla suya, simplemente no tuvo erección. Lo achacaba al exceso de trabajo, pero ella sabía que también era producto de la edad. No fue al gimnasio, simplemente su cabeza estaba vuelta una vorágine de deseo. No podía pensar en otra cosa que no fuera mil imágenes de ella siendo furiosa y ardientemente poseída. Él no tenía rostro, simplemente se imaginaba con las piernas abiertas y siendo penetrada por un falo ardiente, en muchas posiciones. Se sentó en el patio trasero. Raúl llegó en punto de las 8 y media, se extraño el ver a doña Susy pero no quiso preguntar al respecto. Todas las mañanas Raúl se brincaba la barda para abrir la llave del agua que se encontraba en el patio trasero por supuesto ese día fue la excepción, doña Susy abrió la llave del agua al tiempo que le decía “usted me dice cuando le cierre, pero si más tarde quiere agua puede saltarse eh?”; “sí señora, muchas gracias” respondió Raúl. “Pero le dije saltarse eh –recalcó- no echarse un brinquito” al tiempo que dejaba escapar una risa entre maliciosa e insinuante. Raúl también sonrió pero no dijo nada. Pasaron unas horas y Susy regresó al patio trasero.

- Se desapareció señora, le dijo Raúl.

- Sí, respondió ella, me metí a bañar, hoy especialmente siento mucho calor, dijo poniendo el acento especial en la palabra calor, y alargando las sílabas como indicando que no se refería al calor del ambiente sino a su calor interno.

- Este condenado chamaco ya no vino –señaló Raúl- ya son las 10 y media y no ha llegado, y la verdad solo no voy a poder ya que como estoy trabajando arriba él me tiene que ayudar, de otra forma tendré que estar bajando y subiendo y eso me quita mucho tiempo.

- ¿y qué piensa hacer? Preguntó Susy.

- Yo creo que lo voy a ir a traer a su casa, mañana es sábado y seguramente el patrón para pagarnos querrá ver el avance.

- Pues sí, dijo doña Susy, creo que no le queda de otra.

Raúl no dijo más, se desapareció en el interior de la casa y cuando regresó ya venía cambiado. Pantalón de mezclilla, camisa manga corta a cuadros y calzando unas botas negras y puntiagudas. Susy no dejó de observar dos cosas: sus brazos y el dibujo de su verga bajo sus pantalones. Se imaginó rodeada de sus brazos fuertes y jóvenes, y poseída por aquella verga que aún bajo el pantalón prometía buen tamaño. Sugerentemente se pasó la lengua por sus labios como quien tiene un antojo y no puede hacerlo suyo. “Jijo de la chin…” escuchó de repente del otro lado de la casa. Volteó para ver que había pasado y sólo alcanzó a ver una nube de polvo blanca que rodeaba el patio trasero de la casa aledaña. Casi escupiendo salió de entre la nube Raúl, sacudiéndose todo el cuerpo. ¿Qué le pasó? –le preguntó doña Susy-. Raúl moviendo la cabeza de un lado a otro como no dando crédito a lo que le había sucedido, dijo, “quería meter el bulto de calhidra a un lugar donde no pudiera mojarse pero no me di cuenta que estaba roto, y cuando lo levanté se rompió por completo… que pen…” afirmó sin concluir la frase. Una risilla ahogada se asomó de los labios de Susy, quien sin perder oportunidad, le dijo “véngase, pásese para acá, no se puede ir así; mire métase a bañar en lo que yo le lavo la ropa, en un ratito ya estará seca su ropa… así no puede irse, mire cómo está... quedó todo blanco” concluyó, sin dejar de reírse ya un poco más descarada. Raúl no se hizo del rogar, ella tenía razón. Así no se podía ir, vivía retirado y la cal que le había caído en el cuerpo pronto empezaría a darle comezón. Saltó la pequeña barda todavía visiblemente molesto pero agradecido por el gesto de la señora Susy. “Pase al baño, está en la planta alta, deje su ropa afuera ahorita la tomo y le paso una toalla, y ya no se enoje”, dijo doña Susy todavía ahogando su risa burlona. No se atrevía a reírse más fuerte por temor a que Raúl se molestara más de lo que ya se veía. “no traigo nadamás que ponerme” –dijo Raúl mientras ascendía por las escaleras- “y la ropa de trabajo está muy sucia” –remató-. “En un momento le paso algo” dijo doña Susy, “algo debo tener para usted, algo que le siente bien” sentenció como con doble sentido, al tiempo que recalcó “nomás no cierre el baño por dentro para que le pase la toalla”. “Está bien” casi gritó Raúl, quien ya desaparecía por las escaleras.

Susy levantó la ropa de Raúl y se dispuso a lavarla constatando con ello que no usaba ropa interior. Un grito de Raúl pidiendo una toalla para secarse la sacó de sus cavilaciones y pensamientos lujuriosos y calenturientos. Ahí lo tenía, a su entera merced. Solos ella y él. Ella muy dispuesta y caliente, él, estaba segura no se haría del rogar. Subió con la toalla en mano. Raúl asomaba la cara y medio torso. “No hallé su trusa”, le dijo Susy, quien solo quería confirmar lo que ya sabía. “No uso” dijo él, medio apenado y un poco de color subió por su rostro. “Ah!, está bien” dijo doña Susy, “déjeme le traigo algo para que se ponga”. Regresó con un short de ella, color rosa y con algunas flores como estampado.

- Póngase esto –dijo la señora- por que la ropa de mi marido no le va a quedar, él está algo pasado de peso.

- Jajajaja, no me diga señora, que chulo me voy a ver con eso, rosita y lleno de florecitas… jajajaja.

- Pero nadie lo va a ver, sólo estamos usted y yo. Ande no sea penoso y póngaselo, o qué –dijo ella- no me diga que prefiere andar desnudo? Pregunto más que como una duda, lo hizo como una sugerencia.

- Jajajaja, rió Raúl, no, no, para nada, pero… está bien, deje me lo pongo y verá que chulo me veo.

Raúl, cerró la puerta y volvió a abrirla sólo para mostrarle a doña Susy que su short no le quedaba bien. Sumamente ajustado cada parte de su intimidad se dibujaba en tres dimensiones ante los ojos de doña Susy. No reparó en observar como la verga semierecta de Raúl se dibujaba trazo a trazo, palmo a palmo, apuntando hacia arriba y la derecha de ella, dibujando así mismo el par de huevos redondos y grandes por debajo de aquel falo que amenazaba con crecer y salirse de su apretado encierro. Los ojos de la señora Susy fueron subiendo para descubrir unos abdominales muy marcados, fuertes y juveniles. Cierto, el “chino” y Manuel eran más jóvenes que Raúl pero sus cuerpos aún no se desarrollaban tanto. Raúl producto de su trabajo, y quizá de ejercicio también, tenía un cuerpo que sin llegar a ser descomunal se veía muy “marcado”. Subió más su mirada y los pectorales formados y firmes hacían juego con sus fuertes y musculosos brazos. Unas ganas inmensas se apoderaron de ella para abrazarlo y acariciar cada parte de ese hermoso cuerpo que tenía delante suyo. Se contuvo, pero su respiración empezó a agitarse tanto que hasta el habla parecía faltarle. “yo creo que me lo voy a quitar” dijo Raúl, rompiendo con ello los sucios y cachondos pensamientos de Susy, “me aprietan demasiado”. “¿Le aprietan mucho?” preguntó doña Susy. “sí” afirmó Raúl. Entonces “quitémoselos” dijo Susy, al tiempo que tomaba los dos lados de su short para con un movimiento rápido y violento bajárselos a Raúl.

… continuará….

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Susy, una ama de casa muy dulce -3 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2010/11/23/susy-ama-casa-muy-dulce-3 2010-11-23T14:54:33+00:00  

El baño pasó muy rápido, o por lo menos no era su intención quedarse ahí, entre toqueteos, besos y una que otra hincada de doña Susy para mamar las vergas de los jóvenes mientras el agua resbalaba por su cara, haciendo, incluso, un poco difícil su respirar pero gozándolas como nunca lo había hecho desde años atrás. Lo importante en ese momento era dejarlas limpias para lo que se avecinaba.

Los chicos salieron del baño y ella permaneció aún por un rato más. Realizó todo el procedimiento necesario para colocarse el enema en el recto y salir completamente limpia. Lo que seguía le causaba mucha excitación y morbo.

Su mente volvió a vagar por el túnel del tiempo. Aún no cumplía los 19 años. El profesor Rojas había aprovechado muy bien la ocasión. Temerosa de reprobar la materia de Economía se había acercado a él en busca de ayuda. Él la había citado en su casa. No pasó nada, pero el cuerpo de Susy era el marco de referencia al que hacía alusión el profesor. Las sinuosidades de sus apetecibles, deseables y juveniles carnes eran el blanco perfecto de cualquier comentario morboso por parte de Rojas, ante la evidente ruborización de la chica, pero al mismo tiempo con un asomo de coquetería y sensualidad permitía las afirmaciones en doble sentido que sobre ella hacia en cada oportunidad el profesor. La segunda cita fue en casa de ella, una vez que el profesor supo que vivía sola y alejada de su familia. Vestida, en esa ocasión, con un pantalón de mezclilla tipo pescador, dejaba ver sus exquisitas y bien torneadas pantorrillas, y al ir ascendiendo por ellas lo llevaban hasta posarse en sus hermosas y amplias caderas en donde sus redondas y paraditas nalgas se sentían apretujadas por aquel pantalón que se ceñía a su piel. Arriba sólo un top, sin nada abajo, permitía ver las grandes aureolas de sus firmes y bien formados senos. Había en ella cierta excitación, sabía que algo podría pasar. Las imágenes se sucedían con rapidez en la cabeza de Susy. No entendió bien cómo sucedió todo, sólo se veía acostada boca arriba, con las piernas abiertas, completamente desnuda y encima de ella, con toda la fogosidad que despertaba el poseer aquel cuerpo hermoso, ardiente y juvenil, veía los movimientos fuertes y rítmicos del profesor Rojas entrando y saliendo de su húmeda y caliente cavidad. El rechinar del catre, único espacio donde podía descansar y que ahora era profanado por el profesor, le indicaba el ritmo a veces rápido, otras lentas, y que por momentos parecía detenerse, pero que le estaban proporcionando un placer que no había sentido antes, ni siquiera con don Julio, el papá de su amiga Silvia que le había arrebatado su virginidad. Las cuatro paredes de aquel cuartucho, porque eso era: un cuartucho, abrigaban los ruidos que ella empezaba a hacer. Rojas, su profesor de Economía, era un excelente amante. No sabía si al principio había sido forzado o, quizá, llevada por el deseo de varios meses en abstinencia la había arrojado a los brazos del profesor, pero ahora se veía con las piernas al aire, abriéndolas sin recato para después apretar con ellas, con toda la fuerza que le daba la pasión, por la espalda a Rojas, sin miramiento alguno, mientras sus brazos y manos se aferraban a su espalda. La llevó como nunca antes a tener más de tres orgasmos, sintiendo morirse pero al mismo tiempo viva por gozar indescriptiblemente todas esas sensaciones. Rojas la fue llevando de un punto a otro. Como recompensa le pagó un departamento mucho más bonito, amplio y acogedor. Por supuesto el profesor tenía llave, así es que en el momento menos pensado llegaba para poseerla, para hacerla suya y gozar de ese tierno pero ardiente cuerpo. Pronto le enseñó a la chica las mieles del sexo: desde venirse en su boca hasta el sexo anal pasando por bañarla con su caliente semen en sus pechos, cara y nalgas. Pronto vendría algo más: poseerla él y otro amigo. Ella no opuso resistencia. Sólo se dejó llevar. Lo había pedido como regalo de su cumpleaños número 46 y ella accedió. Las primicias de su ano ya habían sido gozadas por el profesor. Después, y fue el principio del fin, empezó a ver cómo la poseían otros mientras él se masturbaba tocándose en un rincón de aquel departamento. No estaba muy de acuerdo con eso. Se sentía usada, poco libre para elegir con quien hacerlo. En venganza empezó la búsqueda por satisfacer sus deseos cuando sabía que Rojas estaba en la Universidad impartiendo sus clases. La pasión que despertó en ella el profesor era difícil de apagar, un fuego la consumía cuando no tenía sexo y así fue como decidió terminar esa relación, con la consabida búsqueda de un departamento que sería pagado por cuenta propia. Luego conoció a Marcos con quien sostuvo un romance por poco tiempo pero muy intenso.

Desde aquella ocasión no había estado con dos hombres al mismo tiempo. Pero ahora era diferente, era la dueña de la situación, y aquellas dos vergas eran jóvenes, enhiestas y calientes, eso le daba más morbo a la situación. Salió del baño envuelta en una toalla negra que contrastaba con la blancura de su piel. Su pelo casi mojado y aún salpicando un poco de agua con sus pies fue acercándose a la sala. Ahí estaban el "chino" y "manú" ya firmes, con sus instrumentos bien erguidos cada uno se tomaba el propio en su mano y subiendo y bajando la piel del prepucio mostraban descaradamente sus penes a doña Susy. No hubo más preámbulos se fue acercando a ellos y dejando caer la toalla a sus pies, la acomodó para poner sobre ella sus rodillas e hincarse para saborear uno a uno los dos falos que se le presentaban delante de sus ojos y que no podía desaprovechar. Había mucho morbo en esa situación, hacía casi 17 años que ella había sido penetrada por dos al mismo tiempo, aparentemente ninguno de los dos chicos que ahora tenía a su merced había nacido o eran apenas unos bebés, y ahora estaban ahí con ella dispuestos a proporcionarle el mejor de los placeres con sus instrumentos duros y potentes. Esto la ponía a mil, y la miel de su entrepierna al escurrir hacía que el calor subiera por su cabeza y la recorriera entera como si fueran las manos de los chicos. Besó una y otra verga, succionó suavemente la "cabecita" de "manú", la chupó fuertemente, el chico pegó un pequeño aullido lleno de placer. Se la metió toda en la boca hasta sentir que la cabeza de la verga de Manuel pegaba en su campanilla. Era experta en eso, no la sacó de su boca, siguió succionando, chupando fuerte, y sólo la sacó para meterse, de un solo golpe, la verga del "chino" quien con un reflejo, producto del placer que sintió movió la cadera hacia arriba, haciendo con ello que su verga se enterrara aún más en la boca de Susy, quien no opuso resistencia y con agrado chupó con mayor fuerza la dura y negra verga mientras su mano derecha subía y bajaba por la piel ardiente del cuerpo venoso y duro del palo de "manú". La imagen era delirante, ahí estaba la Señora Susy, con sus redondas y firmes nalgas apuntando al aire mientras su cabeza se enterraba una y otra vez, alternando los sabores de esas ricas vergas que disfrutaba sin remordimientos ni recato, recreándose con el sabor de ambos penes juveniles en su boca. Así estuvo un buen rato. Tenía que ponerle más morbo a esa entrega lujuriosa que pronto haría de su cuerpo a aquellos muchachos calientes que parecían explotar en cualquier instante. Se puso de pie, al tiempo que con sus manos, una en cada una de los enhiestos falos, tiraba hacia ella obligando, así, a ambos chicos a ponerse de pie.

  • - Mi recámara matrimonial nos espera, dijo, con un dejo de putería que rayaba en la lujuria y el paroxismo del placer.

Sin esperar respuesta siguió halando las vergas, haciendo con ello que ambas se pusieran más dura si en eso había alguna posibilidad. Dio unos pasos hacia atrás y les dijo: "síganme chicos, arriba esta mi recámara, allá estaremos más cómodos y a gusto". Caminó delante de ellos contoneando su desnudo cuerpo mientras los dos jóvenes caminaban con los ojos llenos de lujuria y sus vergas en señal de que no podían esperar más. "El Chino" por ser un poco más grande era también más atrevido,  al llegar al descanso de la escalera se acercó a la señora rodeándola por la cintura con sus brazos desde atrás y acercándose a ella, en un tirón sobre el cuerpo de tan hermosa y deseable señora, se pegó a ella rozándola descarada y ardientemente con su verga más dura que un mástil. Fue colocándose en frente de ella para posar con lujuria y deseo sus labios en los finos y deliciosos labios de doña Susy, fue correspondido de manera ardiente, mientras su lengua hurgaba dentro de la boca de Susy sus manos volaban para posarse en aquel par de duros y níveos senos, apretujándolos con fuerza y con la calentura propia del momento. Susy dejó de besarlo en la boca para iniciar un recorrido por la oreja izquierda del "chino" mientras sus manos tomaban el rostro del muchacho para no darle oportunidad de moverse y seguir deslizando su caliente boca por el cuello y la barbilla del joven, mordiendo suavemente pero mostrando en ello el deseo que sentía en ese instante. "Manú" no quiso desaprovechar la oportunidad y sin pensarlo mucho, con la intuición que nace del deseo y de aquellas revistas y películas que había visto, se colocó en un escalón debajo de donde posaba su pie derecho doña Susy, para buscar con sus labios los labios íntimos y siempre húmedos de la señora. Susy abrió un poco más las piernas y mientras sus labios recorrían el pecho, besando las tetillas del "chino" y sus mano derecha apretujaba verdaderamente aquel rico y duro falo que erguido se pegaba a su pierna, los labios de Manuel se posaban para besar, primero dulcemente luego con verdadera furia, los labios vaginales de Susy, metiendo la lengua cada vez más adentro y haciendo que ella se contorsionara cual verdadera hembra en celo y deseosa de macho y de todos aquellos que pudieran tomarla y poseerla, Susy emitía gemidos y gritos llenos de placer y de lujuria. "El chino" seguía con sus manos magreando sus senos y de vez en cuando los deslizaba hacia atrás para tocar groseramente las nalgas y apretujarlas con sus juveniles manos, en tanto "manú" seguía con su caliente tarea introduciendo la lengua y succionando el clítoris de Susy aferrándose con sus manos a las piernas de la señora como queriendo impulsarse para meterse él mismo en aquella deseable y apetecible húmeda y caliente vagina.

Susy no podía más, necesitaba respirar, entrecortadamente dijo "subamos a mi recámara muchachos ahí haremos todo...". Los chicos se separaron, y tomando a ambos de sus manos los fue llevando a la recámara donde por las noches descansaba plácidamente con Carlos, su marido. Se puso frente al "chino" y de un empujón, no muy fuerte, al tiempo que le decía "acuéstate" lo tiró boca arriba sobre la cama. Este cayó en la cama apuntando con su duro mástil el techo como mudo testigo de la entrega que se aproximaba. Se fue acercando a horcajadas a la dura verga del "chino", pasó su pierna izquierda por encima de las piernas del "chino", tomó el falo caliente y lo dirigió a su húmeda cueva, "ah" se escuchó prolongadamente cuando sentándose sobre el pene negro y grueso del "chino", este se fue enterrando en su depilada vagina hasta sentirlo en el fondo tocando con todas sus paredes internas. Subía y bajaba como poseída, gozando cada milímetro de tan erguido, duro y potente pene juvenil. "ah... ah.. siii.. siii.. oh.. oh" eran sus pocos sonidos inteligibles que se mezclaban con gritos -casi alaridos- de gozo y placer. "ven manú -le dijo al otro chico- párate acá, frente a mí" no sonó a orden sino más bien a súplica, deseando volver a tener esa rica verga, un poco más larga que la del "chino", dentro de su boca y ensalivarla completamente para luego sentirla por su orificio más pequeño y estrecho. Manuel se paró frente a ella, quien hincada no dejaba de subir y bajar sobre la verga del "chino". Tuvo que hacer un alto, dejar de moverse tanto para meter dentro de su caliente boca el falo ardiente y duro de Manuel, casi se le fue hasta el fondo, pero ella sin mostrar ningún asomo de arcada lo mantuvo así, rodeándolo con su lengua y chupando, fuertemente, con sus labios la base de tan rica y deliciosa verga que entraba y salía con prisa de sus cachondos labios. La ensalivó toda y cuando ella sintió que era el momento, "vente atrás de mí `manú´" -le dijo- con toda la sensualidad de una voz deseosa de sentir la dura verga en su caliente y apretado agujerito. "métemela en el culo" pidió. Manuel se salió de su boca, y en tanto doña Susy se inclinó hacia adelante, sin salirse del "chino", paró la cola para dejar a la vista de Manuel ese agujero negro que en pocos momentos le succionaría todo: la verga y la leche.

Manuel entró despacio en ella, primero suave pero firme. "métela toda" ordenó doña Susy, "más... sii.. así.. siii... duro `manú´.. siii.. oooo.. siii.. más .. toda.. métela toda.. sii ..asiii.." Manuel empezó a moverse fuertemente, aferrándose a las ricas caderas de la señora entraba y salía sin detenerse a pensar si la lastimaba o no, su verga más que lubricada por la saliva de doña Susy entraba con facilidad y él sentía que aquel agujero caliente y estrecho lo apretaba en cada espacio de su piel que se retraía fuertemente cuando avanzaba hacia la cavidad oscura de los intestinos de ella. "El chino" apretujaba los pequeños pero firmes senos de doña Susy, también se movía al ritmo de ella, entraba y salía fuertemente. Por momentos le parecía sentir la rigidez de la verga de Manuel que era probable se pegaran uno al otro al estar separados únicamente por una pared delgada, y en ese toqueteo que sentía en su pene lo ponía más caliente. Ahí estaban los tres poseyendo a tan dulce señora, los movimientos se hacían más rápido. Entre gritos de placer fueron moviendo al ritmo que marcaba la cachondería y la calentura propia del momento y que doña Susy acrecentaba más con sus gritos y peticiones. "Háganme su puta muchachos, cójanse a su puta... siii.. siii soy su puta chicos.. siii así... así.. háganme más puta de lo que ya soy... siiiii" Dos minutos más fueron suficientes, aunque a ellos les pareció la eternidad, los tres al unísono gritaron cuando sentían llegar el orgasmo a sus cuerpos. Casi se sacudieron cuando la descarga llegó a ellos... cayeron en la cama borrachos de placer, se quedaron abrazados un rato más. Después doña Susy los invitó a comer. Ya cerca de las 6 de la tarde, les dijo "voy por ni nena, muchachos, la dejé encargada con una amiga y ya es tarde, y mi marido no tarda en llegar, apenas tengo el tiempo justo". Salieron los tres al patio delantero. Con un beso en la mejilla se despidió de cada uno de ellos. Caminó contoneando sus caderas que nuevamente se enfundaban en un pantalón de mezclilla muy apretado, y al ritmo de sus pasos se mecían de un lado a otro. Los chicos voltearon a verla, y ella antes de doblar la esquina volteo también a verlos. Desde lo lejos los saludó con la mano derecha en alto, al tiempo que les guiñaba el ojo. Manuel y el "chino" iban muy felices, acababan de hacer suya a una de las mujeres más hermosas y cogibles de la colonia: Doña Susy.

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Doña Susy, una dulce ama de casa - 2 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2010/11/07/dona-susy-dulce-ama-casa-2 2010-11-07T00:37:57+00:00 Después de brindar con los muchachos y darle un trago más a su cerveza, decidió ponerse de pie desconcertando por un momento a los chicos. “Creo que el dominó ya resulta aburrido, traeré algo mejor” dijo doña Susy. Se levantó y sin ir demasiado lejos abrió su bolso y extrajo de él una perinola, mientras los ojos de los dos adolescentes se posaban, como si estuvieran acariciando a la distancia sin recato alguno, aquel par de hermosas nalgas que aún seguían enfundadas en ese apretado pantalón de mezclilla. Se dio vuelta para quedar frente a los muchachos quienes inmediatamente movieron su mirada hacia arriba y con ello detenerse a observar ese par de hermosos, níveos y aún firmes senos que los acusaba con sus pezones erectos como señalándolos para decirles que ellos eran los indicados para disfrutar en breves momentos de ellos.

- Ya no hay que esperar más muchachos, les dijo doña Susy, a partir de este momento tendrán que obedecer todo lo que yo les diga para que el juego resulte más fascinante y excitante, y observándolos fijamente a los ojos les preguntó, están dispuesto a ello?

- Sí!! dijeron al unísono los muchachos quienes con esa palabra sólo reafirmaron lo que ya sus erectas vergas, apuntando al techo, lo decían desde hacía rato.

- Muy bien, les dijo Susy, quítense las trusas para empezar… y no admito réplica dijo firmemente, cuando observó que ambos chicos se miraban uno al otro como preguntándose si lo deberían de hacer, pero ante el mandato de la señora no tuvieron más opción.

Los ojos de Susy se posaron en una y luego en otra. Ambas vergas juveniles. A la distancia y a su parecer se veían muy hermosas. Duras, firmes, calientes y apuntando, como a ella le fascinaba, sin titubeos hacia el firmamento. Aunque Manuel era el más joven su miembro era más que apetecible, morena y gorda, le ganaba por unos cuantos centímetros a la del “chino”. Ninguno de los dos se cohibió, era tal el ambiente de cachondería y calentura que ninguno de los chicos buscó taparse, sino todo lo contrario, buscaron mostrarse más para ver quién sería el primero.

Susy se levantó, se quitó las zapatillas y el pantalón deslavado de mezclilla con cierto trabajo, encendió el aparato de sonido y puso un disco con una gran variedad de canciones con el fin de no tener que levantarse continuamente a cambiarlos. Ajustó el volumen para que se pudieran escuchar entre ellos, pero que al mismo tiempo amortiguara un poco los sonidos que ella estaba segura más tarde se tendrían que escuchar. Quedó solamente en una tanga azul cielo, su intimidad perfectamente depilada que dejaba un hilo finamente delgado que ascendía de aquella ardiente cueva hasta su casi plano vientre a pesar de sus 37 años, haciéndola ver demasiado sensual y deseable.

- Ahora, dijo Susy, voy a hacer girar la perinola, y lo que caiga lo adaptaré a mi gusto, les parece? Sólo hay una regla: cuando yo le haga algo a uno de ustedes… el otro prometerá no tocarse nada, están de acuerdo???

- Sí!!! Siii.. estamos de acuerdo… Dijeron nuevamente casi al mismo tiempo, como al mismo tiempo se tocaban los huevos subiendo sus sendas manos por sendos calientes troncos juveniles.

“toma una” indicaba la perinola al dejar de girar sobre la mesa de centro. “Como “Manú” está a mi derecha, empezaré con él… un minuto –dijo doña Susy, mirando a “el chino, - tú tomas el tiempo… ambos ignoraban a qué se refería la señora pero más que nadie deseaban que sucediera para quitarse las dudas. Tomando el reloj de la mesa lateral se la dio al “chino”, un minuto volvió a decir…

Se agachó suavemente sobre las piernas de Manuel, quitó con ternura sus manos que descansaban sobre sus piernas, “tú tranquilo” le dijo mirándole fijamente a los ojos en tanto que su bello rostro ya casi descansaba entre las piernas de aquel afortunado joven. Abrió suavemente sus labios y sacando su lengua fue posándose en los huevos duros de Manuel. Chupó suave, ella sabía que si lo hacía con intensidad corría el riesgo de hacerlo terminar. Primero uno, luego se fue al huevo izquierdo, en tanto su mano acariciaba suavemente la base de esa verga caliente y dura. Sus labios besaban suavemente los huevos de Manuel y luego succionaba con cierta dureza haciendo que el chico volviera la cabeza hacia atrás y en un movimiento instintivo tomará con ambas manos la cabeza de doña Susy, como para asegurarse que no se quitara de ahí. Ella suavemente quitó sus manos de su cabeza, tenía que lograr que él se calentara al máximo, pero al mismo tiempo no quería que terminara muy pronto, tenía que enfriarlo un poco. Rodeó suavemente, con su ardiente lengua, la base de aquella verga juvenil y dura, iba a envolverla toda con sus manos para ir hacia la cabeza cuando la voz del chino interrumpió “un minuto” se dejó escuchar… ella se levantó y pudo ver que los líquidos preseminales abrillantaban la cabeza roja de la verga de Manuel. Se retiró depositando un suave beso en la cabeza de aquel pene y el sabor agridulce de sus líquidos fueron embebidos sin reparo por tan atractiva señora.

- Ahora vas tú… a ver qué “sale”, le dijo al “chino”, en tanto la perinola giraba primero fuertemente y luego en movimientos torpes caía sobre la mesa de centro para dejar ver un “toma una” nuevamente.

“El chino” pensó que recibiría el mismo tratamiento pero la mente de la señora Susy ya tenía más que pensado qué seguiría. “Otro minuto” le dijo a Manuel dándole al mismo tiempo el reloj y tomando la crema chantilly que había traído untándosela generosamente en su seno izquierdo. “ándale, le dijo al “chino”, toma una… tú sólo chupa el ‘chantilly’… sólo chúpalo” al tiempo que con ambas manos hacía presión en la base de su seno izquierdo para levantarlo un poco más. “El chino” se acercó a su teta izquierda, y cual bebé fue chupando primero suave y luego con mayor rapidez y dureza. Los quejidos de Susy hacían evidente que se estaba calentando mucho. “El chino” hacía muy bien su trabajo. No aguantó mucho y con ambas manos empezó a despeinar los cabellos del “chino” indicándole con ello el grado de rudeza, velocidad y lugar que requería. Luego apretó fuertemente la cara del “chino” contra su teta en tanto que apretaba fuertemente, también, sus piernas como deseando que algo estuviera entrando en ella. Soltó la cabeza del “chino” para recargarse sobre sus brazos que extendió por atrás de su cuerpo para facilitarle aún más el trabajo al joven. Manuel empezó a tocarse con cierto temor, sabía que doña Susy tenía un carácter fuerte, y mientras observaba a la señora morderse los labios para luego abrirlos y en un movimiento aspirando fuertemente aire, dejaba escapar un “oooooo… siiiiiiii.. si..”, él sobaba lentamente su verga con su mano derecha sin perder de vista como doña Susy se recostaba en el sofá para deslizar su mano derecha por su entrepierna y tocarse sin miramientos, introduciendo un poco dos de sus dedos en esa hendidura húmeda y caliente… “Un minuto” dijo Manuel, y contra su voluntad, pues sabía que esa era la parte de su cuerpo más sensible, con la cara colorada Susy abrió los ojos y separó los labios del “chino” de su seno, quien hizo como si no hubiese escuchado y todavía buscó seguir succionando aquellas tetas deliciosamente mezcladas con sabor de mujer caliente y la crema dulce del chantilly.

Tratando de arreglarse un poco el cabello y dejar un breve tiempo para que se le bajara el color de su rostro, tomó la perinola y la volvió a girar. “esta aplicará a mí” dijo, como si supiera que fuera a dejar ver aquel juguete. “Toma dos” se leyó en la cara del hexagonal juguete. “Pónganse de pie” ordenó doña Susy, “frente a frente”… Ella se hincó a un costado de ambos jóvenes y tomando cada una de las vergas henchidas y calientes en cada mano, miró hacia arriba para verles a los ojos y decirles, “ahora no hay tiempo, así es que ustedes dirán en qué momento me detengo… y claro! Si no quieren que me detenga mejor… ” dijo al tiempo que maliciosamente dejó escapar una risita cachonda y ligera. Dirigió sus labios hacia la verga de Manuel, esta vez ya no fue suave, besó la cabeza redonda y roja, succionó con lentitud pero con fuerza mientras con sumo tacto sus blancos dientes tocaron la sensible piel del miembro y soltando rápidamente lo fue envolviendo con sus carnosos y rojos labios, mientras su mano izquierda, apretando fuertemente, deslizó la piel del pene del “chino” retrayéndolo y luego halando, sin dejar de apretar fuertemente, hacia ella y repitiendo este movimiento varias veces, en tanto sus labios no dejaban un trozo de la caliente verga de Manuel fuera de su boca. Así siguió durante varios minutos, mamando golosamente la verga de “manú” como ella le decía, y masturbando el caliente tronco del “chino”. Se podía ver a sí misma y su mente voló a tiempos lejanos. Apenas contaba con 18 años y 3 meses cuando dejó la casa paterna. ¿El motivo? Estudiar. Aún no cumplía los 19, cuando conoció al maestro Rojas. Roberto Rojas era su maestro de Economía, materia que no se le hacía nada fácil. Recurrió en busca de ayuda y asesoría varias veces hasta que terminó en la cama con él. El profesor Rojas tenía cerca de 40 años y más deseos insanos y calientes guardados en su cabeza que puso en práctica con la “señorita Susy” como la llamaba en clases. Ella nunca supo si lo hacía para recalcarle que era suya o para callar cualquier asomo de rumores o chismes con sus compañeros.

Se podía ver a sí misma. Ahí estaba esa noche. El “profe” Rojas y un amigo de él. Era una de sus perversidades: compartirla. Apenas tenían cerca de dos meses de relación, pero él se portaba muy generoso con ella. Le pagaba el apartamento y no le faltaba nada. Se lo pidió una noche de pasión desenfrenada y ella aceptó. Al principio con ciertos temores y luego ya, en un dejo de cachondería, con inmenso deseo de sentirse deseada y poseída por dos hombres… por dos machos.

Ahí estaba ella. En medio de la sala. Le había comprado para esa noche un vestido de colegiala. El típico. Falda a cuadros, tipo escocesa y blusa blanca. Lo usaba sin ropa interior. Ahí estaba ella. En medio de la sala. En cuatro. Parando su hermosa colita y apuntando hacia el amigo del profesor. El amigo la cogía fuertemente, así como estaba. Vestida de colegiala, y el profesor Rojas parado enfrente de ella sentía su ardiente cavidad bucal entrar y salir de su dura verga. Era la primera vez que estaba con dos hombres al mismo tiempo. A sus escasos casi 19 años empezaba a gozar los diversos placeres del sexo. Y hoy estaba ahí con dos enhiestas vergas a su disposición. Parecía que los roles habían cambiado. Ahora era dueña de la situación. Segura y dominante, pero al mismo tiempo una hembra ardiente y dispuesta a todo.

Cambió de verga. Introduciéndose ahora la del “chino”, era un poco más delgada pero igual le fascinaba. Siguió “trabajando” el pene de “manú” fuertemente con su mano derecha. Lo apretaba y lo soltaba. Le acariciaba los huevos. Su boca no dejaba de llevar a los límites del paroxismo al “chino”. Era capaz de introducírsela toda en la boca. Con cierta delicadez haló de la verga a “manú” hacia el frente de ella. Quería tener las dos en su boca. Fue acelerando el movimiento tanto de su mano como de su boca. Intercambiaba rápidamente de verga. Primero “el chino”, luego “manú”. Lo chupaba todo. Se las metía toda. Los chicos ponían los ojos en blanco. Manuel incluso se levantó sobre la punta de sus pies cuando sintió que algo ascendía por sus piernas y se albergaba en sus testículos. “El chino” se controlaba un poco más. Manuel ya no aguantaría mucho tiempo más de tan rico tratamiento. Sentía que alcanzaba el cielo. Fueron unos minutos más que les pareció eterno. Entre espasmos, gritos y una intensa sacudida que parecía que una descarga eléctrica caía sobre sus cuerpos, empezaron a vaciarse sobre el rostro de doña Susy. La linda señora las alternaba en su caliente boca para poder beber el néctar juvenil y ardiente que a borbotones dejaban escapar esas dos vergas firmes y potentes. Un chorro le cayó en el cabello mas a ella no le importó, siguió succionando una y otra, hasta sentir que se vaciaban completamente, y dejando escapar hilos finos por la comisura de sus labios sonreía sintiéndose satisfecha de tener para ella esas dos virilidades jóvenes y bellas ante sus ojos y sólo para satisfacer sus intensos deseos.

- Uy chicos… vaya que tienen bastante “batería” dijo cuando al separarse de ellos, todavía las vergas seguían apuntando hacia el techo. Esto aún no termina eh? Les dijo, al tiempo que tomando su cerveza le sorbía un trago, seguramente ya algo caliente por el tiempo que había transcurrido. Vamos a bañarnos, les parece? Y luego a ver qué inventamos, síganme, remató, caminando delante de ellos y contoneando sus caderas de manera exagerada para que los chicos vieran lo que aún falta por venir y por comerse.

… continuará…

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Susy, una dulce ama de casa 1 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2010/10/28/susy-dulce-ama-casa-1 2010-10-28T15:08:10+00:00

El vestido rojo se pegaba prácticamente a cada centímetro de su cuerpo dibujando perfectamente y palmo a palmo su sinuosa y apetitosa figura. Su vestido llegaba un poco más arriba de sus rodillas, a cada paso que daba se notaba claramente un par de piernas hermosamente torneadas. Ella sabía que era producto de las horas trabajadas en el gimnasio. Doña Susy caminaba por las empedradas calles de su nuevo vecindario. Con unas zapatillas más bien bajas y sin medias por el calor de la zona, con una bolsa de mandado en cada mano, aún le faltaban un par de cuadras para llegar a su casa y su frente ya se perlaba por el sudor en esa mañana tan calurosa, típica de esos días. Después del encuentro con su casero, el viejo Margarito, de buenas a primeras su marido había tomado la decisión de cambiarse de casa, ella no objetó nada, simplemente obedeció cuál perfecta ama de casa, sumisa y obediente, sabedora que había otras cosas en las que ella, simplemente hacía lo que le venía en gana. Carlos, su marido, debería tener buenas razones. Hacía casi 7 años que se había casado, ahora a sus 37 y un poco más, y su marido rondando los 60, sentía de repente, una inquieta y delirante calentura resbalar por su cuerpo. Hacía casi el mismo tiempo que iba al gimnasio, primero como una necesidad de estar sana, luego eso se convirtió en la fuente de satisfacción al notar que muchos hombres –jóvenes o viejos- sin recato alguno volteaban a mirarla, descaradamente en todas sus zonas, especialmente sus nalgas y senos, al pasar por las calles. Susy sentía subir y bajar un delicioso calor por su hermoso y deseable cuerpo, y aunque quisiera engañarse, en más de una ocasión hubiera deseado que ese calor se transformara en las rudas y varoniles manos de quienes la miraban. Gozando de su cuerpo en ese preciso instante y en ese mismo lugar. Pero era una mujer casada, debía darse su lugar, y aunque a veces con palabrotas... “pelado”.. “grosero”, les decía a los más atrevidos, su rostro, sus ojos, su boca y su lengua decían claramente otra cosa. Estaba casada, pero ella bien sabía que no había nacido para ser mujer de un solo hombre.

A una distancia no muy lejana varios chiquillos jugaban al fútbol. Era verano y las vacaciones habían llegado hacía pocos días. De repente el balón botó con demasiada fuerza cerca de ella, pegando con la bolsa de mandado que traía en la mano derecha y en un bote caprichoso se levantó para pasar apenas a escasos milímetros de la cara de tan hermosa señora quien flexionando un poco las rodillas había alcanzado agacharse a tiempo para evitar ser blanco de tan potente disparo, sin embargo a la distancia parecía que le había golpeado en parte de la cara. La mayoría de los chiquillos corrieron para escabullirse y no ser reconocidos. Sólo Manuel y el “Chino” se quedaron parados como estatuas, sin atinar qué hacer. El “Chino” por ser un año mayor que Manuel le ordenó ir por la pelota, éste recién había cumplido los 16. Eran buenos amigos por lo que Manuel no chistó siquiera, y obediente corrió hasta donde estaba el balón, a escasos metros de doña Susy.

- Chamaco de “porra”, espetó la señora, por nada y me pegas.

- Perdón señora, es que el “chino” le pegó muy fuerte y no lo pude parar.

- “El chino”... “el chino”... repitió doña Susy, será el sereno pero por poco y me dejas con el ojo como de “cotorra”. Ahora para que se te quite me ayudas con mis bolsas de mandado.

- Sí señora, perdón, volvió a decir Manuel agachando la cabeza, y tomando entre sus manos el balón lo elevó un poco para patearlo con dirección hasta donde “el chino” estaba parado... “ahorita regreso”, le gritó, no tardo.

 

Caminaron lo que faltaba para llegar a su casa. Doña Susy abrió la puerta y ordenándole que entrara le pidió que dejara las bolsas sobre la mesa del comedor. Dentro de la casa estaba Mary, una niña de escasos 12 años, que se había quedado cuidando a su nena, que apenas contaba con un poco más de cuatro años. Pagándole a Mary con unas monedas y dándole un bolso de regalo que le había comprado en el mercado, le agradeció muy efusivamente que le hubiera cuidado a su hija. La acompañó a la puerta y la despidió con un beso en la mejilla, no sin antes volver a agradecerle el tiempo dedicado a su nena. Regresó al interior de la casa donde Manuel estaba sentado en una silla del comedor.

- voy a ponerme cómoda, le dijo, “¡espérame!”... sonó como una orden.

- está bien, sólo murmuró entre dientes Manuel, quien estaba seguro un regaño mayor le esperaba al regreso de doña Susy.

Manuel abrió tremendos ojos cuando vio regresar a la señora Susy. Había escuchado en algunas películas esa frase “voy a ponerme cómoda” pero nunca se imaginó que algo parecido le podía suceder. Susy se había puesto un vestido típico de una región del Estado de Guerrero, en realidad no era un vestido, más bien era una blusa que terminaba en forma deshilachada, y que al no ser tan largo, apenas le llegaba a media pierna, realmente la visión para el chico era delirante. Susy se dirigió al refrigerador y tomando un refresco sirvió dos vasos y le extendió uno al joven muchacho. Se sentó frente a él y contra lo que Manuel esperaba, doña Susy se portó muy amable. Empezó a preguntarle cosas de su vida, y así fue conociéndolo un poco más. Cerca de 40 minutos después doña Susy cruzó las piernas y con ello le mostró un poco más de su hermoso cuerpo al adolescente. De repente se puso de pie, y sin esperar más le dijo:

- Tu castigo aún no ha terminado, no sé cuánto tiempo pase para olvidar que estuviste a punto de pegarme.

- No fui yo de verdad señora, fue “el chino”, bueno yo no pude detener el balón pero fue “el chino” quien lo pateó.

- Pues no lo sé Manuel –tuteándolo y parada frente a él- pero ahora aún me debes ese susto. Mira el jueves yo no puedo ir al mercado por que no tengo con quien dejar a mi nena. Ese va a ser tu castigo, vienes a la casa a las 10 y vas al mercado a comprar mi mandado. ¿qué dices? Le preguntó, mientras colocando sus manos alrededor de su cintura, movía entre amenazante y coquetamente su pierna izquierda.

- Pero y ¿“el chino”? –replicó tímidamente el muchacho- él fue quien pateó el balón, argumentó como si eso le disminuyera el castigo.

- No lo sé, dijo doña Susy, si puedes convéncelo para que te acompañe y entre los dos compren mi mandado. Además, yo sí te sugeriría que lo invitaras porque si vas a comprar algo de mandado y para que no te pese mucho, vayan los dos.

Llegó el jueves. Cerca de mediodía sonó el timbre de su casa. Doña Susy salió corriendo, vestida únicamente con una bata de baño. Aparentemente acababa de terminar de bañarse. Eran Manuel y “el Chino”.

- Pasen muchachos, pasen. Les dijo la hermosa señora. Me agarraron bañándome. Pongan las bolsas en el comedor. Regreso en un momento, voy a terminar de cambiarme.

Ambos adolescentes se quedaron mirando uno al otro. “El chino” tenía fama de estar ya “vivido”. Manuel era un poco más inocente pero tenía lo suyo. Además era un chico bastante atractivo para la mayoría de las chicas de su edad. Su pelo largo, negro, suave y liso tenía ese punto de atracción que a las chicas le gustaba. Sus ojos grandes y negros contrastaba con su piel blanca. “El chino” era más bien un chico común, pero tenía fama de mujeriego. Ambos eran buenos amigos.

La señora Susy regreso enfundada en un pantalón de mezclilla deslavado, tal parecía que se lo había untado a su cuerpo. Unas zapatillas negras la hacían ver un poco más alta de lo que en realidad era. Una blusa blanca dibujaba sus perfectos senos, que sin ser grandes se levantaban erguidos desafiando la ley del tiempo. Una mascada azul rodeaba su cuello y unos aretes largos del mismo color redondeaban su arreglo. Alrededor de su cintura, por debajo de la falda la abrazaba fuertemente un cinturón de tela cuyos extremos colgaban a un lado de su pierna izquierda después de enredarse en un nudo perfectamente hecho por sus delicadas manos. Un juego de pulseras en su mano izquierda del mismo color de la mascada la hacía ver más bien dispuesta para una fiesta que el sólo hecho de recibir de los muchachos del mandado.

- Chicos, les dijo, creo que les debo una recompensa por ser tan amables de ir por mi mandado.

- No es nada señora, dijo “el chino”, nada mejor podríamos hacer por usted después que este tontín no pudo detener ese balón que por poco y le pega, volteando a ver a Manuel le soltó un suave golpe en la cabeza que éste sólo alcanzó a esquivar un poco y lo miró retador con la mirada.

- Ni me recuerdes eso, dijo doña Susy, ya olvidémoslo por que si no me enojo y ya no les festejo nada. ¿han jugado alguna vez dominó? Preguntó sin dejar que algunos de los muchachos replicaran más sobre el tema.

- Yo sí, dijo Manuel, es muy fácil.

- Yo también, dijo “el chino”, con don Sebas he jugado en la “casa verde”, y mostró al mismo tiempo un gesto de arrepentimiento temeroso de que doña Susy lo regañara.

- Y qué vas a hacer tú a la “casa verde”, le preguntó Susy, sabedora que más que una cantina era una casa de citas, pero no lo dejó contestar, y puntualizó... “no me digas, olvídalo”... “a ver siéntense que les voy a explicar las reglas de este juego especial de dominó”. “El que gane tiene derecho a pedirle lo que sea al perdedor, quien será el que se quede con más puntos, cómo ven?”

- ¿Se vale pedir de todo? Preguntó ansioso “el chino”, quién no dejaba de ver el maravilloso y sensual cuerpo de doña susy quien estaba de pie delante de ellos en el comedor.

- Bueno, de todo pero que no vaya en contra de la seguridad de uno, es decir, no vale que pidas algo que puede lastimar al otro, ¿me explico?... “sí” contestaron los dos chicos... “fuera de eso, se puede pedir lo que sea” remató doña Susy.

La primera mano la ganó ella, que era una experta en el juego del dominó. Manuel fue quién más puntos tenía. A ver Manuel, le dijo, ha sido una mañana algo pesada para mi... ¿puedes darme un masaje en mi espalda? El chico titubeo, y “el chino” hizo un gesto de desagrado al tiempo que decía “no se vale doña, eso no es castigo”. A ver “chino”, le dijo doña Susy, “yo dije que podíamos pedir lo que fuera, no necesariamente un castigo, así es que eso es lo que yo quiero, está bien así?” Está bien, dijo “el chino” y se quedó mirando como las jóvenes manos de Manuel tocaban la piel de la señora quien se había quitado la mascada para facilitarle aún más la labor. La siguiente partida la volvió a ganar doña Susy, y esta vez quien perdió fue “el chino”. Su “castigo” fue darle un masaje en los pies a tan linda dama, quien una vez que se quitó la mascada y los zapatos ya no se los volvió a poner. La tercera ronda fue decisiva, nuevamente ganó doña Susy y perdió Manuel. “Quiero que te quites una prenda” dijo la voz sensual de la señora, y al mismo tiempo marcó el rumbo de lo que debería seguir en el juego. El juego fue continuando, doña Susy tuvo que dejarse perder algunas partidas para que los chicos fueran pidiendo que se quitara prendas. Los chicos estaban en calzones únicamente y doña Susy ya sólo tenía el pantalón y su blusa puesta. La siguiente mano quien la perdiera enseñaría algo más. Aunque era evidente la excitación de los muchachos, pues las trusas de ambos se elevaban apuntando al cielo. “El chino” ganó y perdió doña Susy, “qué mala suerte exclamó ella”... los ojos del chico brillaron de lujuria, era incapaz de ocultarlo, su pene se puso más duro y apuntó con mayor fuerza al techo. Su corazón latía con tanta fuerza que a él le parecía que se escuchaba en toda la sala de la casa de tan linda señora. Era cierto, en “la casa verde” había visto a más de una en ropa interior o incluso semidesnuda pero ahora era diferente. Aquellas eran putas. La que estaba enfrente de él era una señora, toda una dama. Indeciso, “el chino” no sabía si pedirle que se quitara la blusa o su pantalón, pero también le daba cierto miedo de hacerla enojar. Aunque ella había dicho que se valía pedir lo que fuera él no estaba seguro que la señora Susy lo aceptara. Podía pararse, enojarse y correrlos de su casa. Con cierto tartamudeo y evidente sudoración en las manos, se atrevió: “quiero que se quite la blusa”. “El chino” se escuchó lejos, como si no fuera él quien lo dijera. Todo pareció transcurrir en cámara lenta: Susy, se levantó, no dijo palabra alguna. Tomó los extremos interiores de su blusa con las manos cruzadas, la fue alzando ante los dos pares de ojos abiertos de los muchachos. Cuál sería su sorpresa. No se habían dado cuenta. Los dos esperaban verla en ropa interior, tal vez algún brassier de encaje, tal vez un brassier de algún color erótico pero éste no estaba ahí. Susy en un extremo de cachondez y lujuria no se había puesto sostén. Sus exquisitos senos se movieron lentamente cuando la blusa finalmente pasó por encima de su cabeza y descansó de su mano izquierda. Ahí estaba Susy delante de ellos con los senos al aire, deliciosa, sencilla y sensualmente deliciosa. Ninguno de los dos lo podía creer. Ninguno de los dos sabía que pasaría a continuación. “Esperen” dijo Susy, calzándose los zapatos, caminó hacia la cocina, su andar cadencioso parecía más notorio. Tomó dos vasos de la cocina, sirvió refresco y regresó a la sala donde estaban. Los azorados ojos de los muchachos se abrieron más. El cuadro no podía ser más excitante. Los brazos doblados de Susy, sosteniendo en cada mano un vaso de refresco levantaban un poco más sus perfectos senos, que ya de por sí estaban erguidos y firmes. A cada paso que daba se bamboleaban obligando a mirarlos con un movimiento de cabeza como cuando decimos “sí”. Los ojos de los chicos brincaban de su lugar a cada movimiento de la señora.

- Tengan, les dijo, dándole a cada uno su refresco. Pero todavía no empiecen voy por una cerveza para mi.

- Yo quiero una, dijo “el chino”, haciendo una mueca de “chin se va a enojar”.

- Nada de una cerveza, le regañó Susy, usted es menor de edad. Además debe de estar bien en sus cinco sentidos. Bueno, no sólo tú. Los dos deben estar “bien”, dijo esto último recalcando su intención.

- Bien para qué, preguntó “el chino”.

- Para el juego, dijo Susy, aún no hemos terminado, y diciendo esto se alejó a la cocina para traer su cerveza.

Regresó y los ojos de los chicos siguieron ya más descaradamente los movimientos sensuales de sus senos que bailaban cadenciosa y lujuriosamente delante de ellos, y que parecía que les gritaban “cómanme”. En la otra mano Susy regresó con un bote de crema “chantilly”, lo puso en el centro de la mesa, “como ya las prendas se van a acabar hay que pensar en otra variedad para el juego”, dijo al mismo tiempo que se sentaba y tomaba un trago de su rica cerveza, no sin antes levantarla y brindar con los muchachos.

 

... continuará...

 

 

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Susy... una dulce esposa - 3 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2010/07/23/susy-dulce-esposa-3 2010-07-23T13:23:16+00:00

Ya habían pasado cerca de dos meses de aquella ocasión que Jorge había disfrutado a mi esposa. Recordar aquella sesión de sexo entre ellos me prendía sobremanera cuando mi mujer y yo disfrutábamos de nuestra intimidad. Mi erección era tal que nuestras sesiones de sexo eran como nunca antes lo hubiesen sido. Esa noche especialmente nos encontrábamos sumamente calientes. Decidimos salir a cenar. El lugar que escogimos se llama “El rincón de Charly”. No era un restaurante muy grande. Cerca de 10 a 12 mesas. Esta era la segunda vez que íbamos. No había sido algo usual, pero en esa primera ocasión, fuimos atendidos de maravilla por el dueño. Un caballero alrededor de los 55 años, hombre pulcro, formal, que si bien no era guapo, para su edad estaba muy conservado y, creo que era del tipo de hombre que agrada a las mujeres, simpático y muy agradable en su plática. Algo fornido, yo creo que medía cerca del metro ochenta, realmente era alto, en contrapartida conmigo que apenas llego a los 1.64. Se llamaba igual que yo, Carlos.

- Hola buenas noches, ¿cómo han estado? –nos dijo

- Muy bien Carlos, ¿y tú? ¿Qué tal? ¿Cómo has estado? Le pregunté, en tanto él saludaba con un beso en la mejilla a mi esposa.

- Muy bien, gracias, todo bien. Respondió, al mismo tiempo que nos indicaba con la mano por donde deberíamos de ir para tomar nuestra mesa.

Esa noche mi esposa había elegido, para vestirse, algo muy fresco. Era una noche cálida, por lo que se puso una minifalda azul de tela muy suave, zapatillas del mismo color sin medias y una blusa sin mangas, para variar no quiso llevar brassier, pues siempre me decía que le incomodaba. Debajo de la minifalda se colocó una hermosa y caliente tanga que le ajustaba muy bien y le cubría muy poco, verla en ropa interior, esa noche, resultaba muy excitante, debo decir que se veía muy bien, demasiado guapa para salir una noche informal a cenar, pero en fin ahí estábamos y la noche prometía una gran velada. Ya saben que ella es más baja que yo, 1.55. delgada, pero con muy buenas piernas y unas caderas que vuelve loco a muchos. Si bien es cierto que no tiene senos grandes, sus medidas son perfectas, caben exactamente dentro de la boca de cualquiera, y al ser muy sensibles, basta tocarlos suavemente, ya sea con los dedos o con la punta de la lengua, para arrancarle un gemido que vuelve loco al más cuerdo.

Después de la cena, que fue muy rica, nos quedamos escuchando un poco de música, trova que a los dos nos gusta mucho. El tiempo pasó muy rápido y tal fue así que cuando nos dimos cuenta sólo había una pareja además de nosotros, la música en vivo había sido sustituido ya hacía un buen rato por la música de algún estéreo. Cerca de las 12 de la noche sólo estábamos en la mesa, mi esposa y yo, y de vez en cuando Carlos venía a preguntarnos si algo se nos ofrecía. Mi esposa y yo charlábamos muy amenamente, y aunque no tomábamos mucho, media botella de tequila ya se había vaciado. La gente de servicio se fue retirando, cerca de la 1 de la mañana, Carlos se acercó a nosotros llevando consigo una botella más de tequila

- Miren, este tequila es muy bueno, se los dejo.

- No, Carlos, le dije, esta aún no se acaba, y la verdad ya estamos a punto de irnos.

- No me digas, dijo Carlos con cara de asombro, ¿acaso la están pasando mal? Y yo que pensaba venir a acompañarlos, ya nomás le pago a la señora que lava los platos y vengo.

- Bueno, intervino mi esposa, si es así sí, si tú nos acompañas nos quedamos un rato más, asintió. Mientras yo la veía con algo de sorpresa, pues minutos antes me había comentado que ya quería irse a descansar, sin embargo no quise decir nada, pues aún cuando no habíamos comentado el tema sentía que mi mujer estaba un poco más cachonda de lo normal, me imaginé que era por los efectos del tequila que había ingerido; así es que dentro de mi cabeza también ya empezaba a imaginar que algo muy rico podía suceder. Esperamos, pues, a Carlos una vez que terminara de ocuparse.

No pasó más allá de 5 minutos, Carlos llegó junto a nosotros, una vez cerrado el restaurante por dentro, puso música suave y apagó las luces, dejando únicamente, un candil de luz cálida sobre nuestra mesa; saludó nuevamente, y mientras sus labios besaban la mejilla derecha de mi mujer, su mano iba a la cintura de ella permaneciendo ahí breves segundos y al retirarla, se deslizaba suavemente sobre su cadera, en tanto que ella le colocaba su mano izquierda sobre su bíceps de él, y de igual forma lo tocaba por breves segundos que no pasaron desapercibidos para mí.

Carlos, tomó la botella de tequila que minutos antes había traído, lo destapó, y tomando tres vasos tequileros nuevos, sirvió él mismo, brindando por la ocasión de tenernos y el gusto de aceptarle compartir con nosotros esa noche. Brindamos, en tanto que en mi mente se agolpaban imágenes que no habían sucedido pero que siendo muy honesto, me excitaban enormemente.

No bien habíamos terminado la primera copa que nos había servido, cuando tomó nuevamente la botella para servirnos la siguiente, pero mi mujer puso su mano derecha sobre el vaso tequilero, al tiempo que decía:

No, gracias, a mí no me sirvas tan rápido por que “se me sube”, frase que los mexicanos sabemos que se refiere a que el licor se “sube” a la cabeza...

No me diga eso señora, prometo no subirme, dijo Carlos, y volteó a verla directamente a los ojos, en tanto que mi mujer buscó mi mirada para saber mi reacción encontrando en mí el esbozo de una sonrisa, que pronto se transformó en una risa algo fuerte a la que secundaron ellos, lo cual daba pie a que los comentarios podían subir de tono y que contaban con mi aprobación

Pero deveras, dijo Susy, mi esposa, no me sirvas tan pronto, mejor bailemos le dijo.

Me permites Carlos, dijo dirigiéndose hacia mí.

Claro, asentí, por supuesto, baila con ella, es muy buena en eso, se deja llevar muy bien, llévala…

Se acercó a ella, y como un caballero le ofreció su mano y la condujo al centro del restaurante. A la distancia que ellos estaban, yo no veía con mucha claridad, distinguía las siluetas, pero la luz no era lo suficientemente fuerte para dejarme ver con nitidez… la música era suave, él la atrajo hacia su pecho, con una mano en la de ella y la otra entre su cintura y su cadera, estaba seguro que los cinco tequilas que ella había tomado y el comentario de él, así como la cercanía de Carlos la tenían muy inquieta. Ella se dejo tomar de la cintura, recargó sus pechos en el de él, y su cabeza quedó reclinada entre el pecho y el hombro de Carlos. Yo tomé un cigarro, lo encendí y me dispuse a tomar un tequila más. La siguiente conversación, no la escuché, ella me la contó después.

Qué rico huele señora, su perfume me subyuga, me extasía… es delicioso olerla

Deveras te gusta? Pero no me digas señora, háblame por mi nombre, es mejor... dime Susy…

Qué rico hueles Susy… me encanta olerte… has de oler toda así…

Imagínate, este perfume lo uso en todas las partes del cuerpo…

¿En todas?

Sí, en todas…. No hay rincón de mí que no huela a este perfume, tal vez confundido con otros aromas, pero este perfume me lo pongo en toda mi piel… y más allá…

mmmmmm… ha de ser delicioso olerte así como dices, confundido, mezclado con otros olores más tuyos, pero también, más deliciosos…

No digas eso… que ahora el que me extasía con sus palabras eres tú… además recuerda que allá en la mesa está mi marido –ella voltea a verme en este momento-, y él levantó un poco la mirada como tratando de disimular que buscaba verme para conocer mi reacción… yo seguía fumando mi cigarro y de vez en cuando daba un sorbo a tan delicioso tequila que Carlos nos había invitado.

Pero por lo que veo tu marido no es un hombre celoso, sabe muy bien lo que tiene contigo… tú eres una mujer muy guapa, y mira que dejarte bailar conmigo, cualquier otro se hubiera negado.

“No, no es celoso para nada” –le dice ella en tanto levanta un poco su cuerpo para hablarle más cerca del oído- “y por supuesto que sabe muy bien lo que tiene conmigo”… déjame morderte la oreja, le dice –y sus dientes se abren ligeramente para morder suavemente el lóbulo derecho de la oreja de Carlos- luego se aleja coquetamente y deja de bailar, sin soltar su mano izquierda, le dice en voz más alta, “ven sentémonos ... creo que mi maridito ya debe estar aburrido”. Carlos se queda muy asombrado de la osadía de mi mujer, y aunque intenta que ella se quede con él un rato más en la pista, pues ella ha caldeado el ambiente, Susy no cede y lo conduce –casi halándolo- hacia nuestra mesa.

- Carlos, me dice Susy, como ves a tu tocayo, no se cansa de bailar y la verdad a mi ya me duelen los pies, que de buena gana me tiraba en una cama… dijo, mirándonos como buscando algún cómplice.

- Pues, a falta de cama, le dije, puede servir esta mesa, al tiempo que la tocaba como mostrando que estaba muy firme, tal vez no sea muy cómoda, pero seguramente te aguantará sin ningún problema.

- No amor, dijo ella, mejor deja subo mis pies en tus piernas, al tiempo que se quitaba los zapatos iba subiendo sus pies cruzándolos al llegar a mis rodillas, ven Carlos, le dijo a mi tocayo, acércate déjame recargarme un poco sobre tus piernas.

Carlos se acercó, ella lo tomó de su pantorrilla derecha y fue acomodando suavemente su cabeza en las piernas de mi tocayo.

- Aaaahhh... que rico, dijo, ya estoy algo cansada.

- Susy, le dije, voy a tener que poner tus pies en la silla, debo ir al baño.

- mmmm.... ya qué –dijo- está bien. Tárdate.

- ¿Perdón? –le dije-

- Que no tardes amor, me dijo ella.

- ¿Ya te quieres ir? –le pregunté-

- Mmmm.. nada amor, olvídalo. Anda ve al baño.

- Ok, te la dejo Carlos, no tardo, le dije a él.

En realidad yo no tenía ganas de ir al baño, pero ya estaba demasiado excitado, y sabía que mi mujer deseaba estar con Carlos. Al quedar solos ella no desaprovechó ni un solo momento.

- Acércate Carlos, le dijo, quiero decirte algo.

Carlos, acercó su rostro, inclinando un poco la cabeza para escuchar de sus labios lo que ella quería decirle.

- Ven... más... le dijo Susy... acércate más... y cuando él estuvo casi tocando sus labios ella lo jaló de la cabeza y le dio un beso muy apasionado en la boca, todo esto mientras yo observaba desde la oscuridad de los baños. Ellos en penumbra, si bien no veía claramente, lo que dibujaban las siluetas no se prestaba a confusión.

-Susy, le dijo Carlos, no hagas eso, sabes bien que eres una mujer por la que puedo perder la cabeza.

-No pretendo que la pierdas Carlos, sólo vive el momento, y no te preocupes por mi marido, acaso ¿tú crees que él no se imagina esto?

Esto fue el detonante, si acaso había alguna duda en la mente de Carlos con esas palabras le quedaba muy claro que hicieran lo que hicieran, pasara lo que pasara... contaba con mi aprobación.

Nuevamente, Susy lo tomó de la nuca y lo acercó a sus labios, volviendo a fundirse como uno solo. Él la levantó suavemente, ella se sentó en la silla quedando frente a frente. Separó sus piernas, para que entre las suyas cupieran las de Carlos. En un momento se paró frente a él, con las piernas abiertas. Carlos la tomó de la cintura, en tanto que ella repegaba su vientre en la boca de mi tocayo. Poco a poco fue levantando su blusa, para sentir con sus dedos el calor y la humedad de la piel de ella. Carlos también se paró, volvió a fundirse sus labios. Susy caminó hacia atrás hasta que sus nalgas chocaron con la mesa donde unas horas antes habíamos cenado. Se fue sentando poco a poco. Sus labios no se separaban, eran dos labios fundidos en uno sólo. Al sentarse ella, subió su minifalda azul por encima de su cintura, de tal modo que quedó sentada sobre su hermosa tanga. Él jaló una silla, se sentó, en tanto que ella abrió ambas piernas para descansarla en los hombros de Carlos. Él fue acercando sus labios para recorrer suave y ardientemente los labios inferiores de ella, sólo hizo a un lado su diminuta tanga, para rozar primero, y luego succionar en un ardiente y húmedo ósculo las mieles de mi mujer, los aromas de mi esposa, que yo bien sabía, lo estaban volviendo loco. Poco a poco me fui acercando hasta quedar a unas dos mesas de distancia, sentado en el rincón de aquel pequeño restaurante. Ahí donde estaba ahora, escuchaba todo, veía todo con mejor claridad. Me levanté, fui por un trago de tequila más, volví a mi lugar, encendí un cigarrillo. Hice todo esto y ellos seguían como si no existiera alguien más en ese mismo espacio, ello me decía que estaban gozando sin temores, sin dudas, entregados plenamente a los más deliciosos placeres de la carne.

Carlos, siguió con su tarea, con su deliciosa y ardiente tarea, succionaba suave, a veces, mientras que en otras, casi pretendía hundirse con todo y rostro. Los gemidos de Susy eran realmente delirantes: pidiendo más, gimiendo, tomaba la cabeza de Carlos y hundiéndola con fuerza en su intimidad, arqueando su espalda hacia atrás, envolviendo la espalda de Carlos con sus piernas, entre sus ardientes piernas. Yo fumaba un cigarrillo y saboreaba mi trago de tequila, demasiado excitado, para mi era delirante verlos gozando, mi erección era muy fuerte, mi pene me dolía como pidiendo ser sacado de su prisión, aún así era demasiado pronto para hacerlo, deseaba seguir ahí, viéndolos gozarse uno al otro, y yo sabía que esto era apenas el inicio.

Susy con los codos en la mesa arqueaba su cuerpo hacia atrás de tal modo que su cabeza casi tocaba la cubierta de nogal de aquella mesa que antes nos sirvió para comer... ahora ella misma era la comida o quizá el rico y caliente postre. Sus piernas oscilaban en el aire sostenida en los fuertes hombros de Carlos, en tanto que este hundía cada vez más su cabeza entre las piernas de mi esposa, aspirando fuertemente su olor y dándole placer a raudales. Los gemidos de mi mujer eran sin duda alguna el termómetro de lo que disfruta de aquella lengua, que ardiente y viva como ella sola, buscaba llegar hasta su rincón más escondido para hacerla gozar como nunca. Gozaba ardientemente el momento. No sé cuanto tiempo pasó, Carlos supo exactamente que la había hecho llegar dos veces cuando ella aumentó el volumen de sus gritos y el movimiento de sus caderas hacia atrás y hacia delante así como la fuerza con la que apretó su cabeza entre sus piernas y sus manos halaron su cabeza hacia su ardiente cueva, deseando tener algo dentro de ella. Sus gemidos y ardientes gritos me excitaban enormemente. Para este momento yo ya me la acariciaba fuera de mis pantalones.

Carlos se paró frente a ella, dejó caer sus pantalones y su trusa. Sacó un miembro grueso, duro y firme. Susy abrió sus piernas al aire, y así recostada sobre la mesa esperó recibir dentro de su cuerpo aquel trozo de carne que ambos deseaban compartir. Él entró de un solo golpe. Ella gimió con un “aaaaaaaaaaaaa... Carlooooossss ... qué ricooooooooooooo”. Mis manos subían y bajaban lentamente sobre la piel de mi pene que ardiente se erguía, también, duro y firme. Carlos entraba y salía de ella como un poseso. Mi mujer sólo atinaba a cruzar las piernas alrededor de la cintura de mi tocayo para que no se saliera tanto de ella mientras sus labios se abrían lo más posible para aspirar bocanadas de aire y permitirle así gemir y gritar a gusto sin miedo a caer desfallecida de tanto placer. No sé cuanto tiempo duraron así. Él, contra el deseo de mi mujer, se salió de ella y tomándola de sus caderas la bajó suavemente de la mesa. La besó ardientemente en tanto sus expertas manos acariciaban suave y tiernamente los pezones erectos de las tetas de mi esposa. Ella bajó ambas manos y rodeando suavemente la verga de mi tocayo acarició tanto los huevos de él como su duro y rico falo. Sin separarse de ella, Carlos la fue volteando suavemente. A sus espaldas fue inclinándola sobre la mesa hasta que el vientre de mi esposa descanso en la mesa. Carlos siguió tras ella, tomó con una mano su enhiesta y caliente verga, y penetrándola lentamente fue acariciando la espalda de ella con su mano izquierda. De un solo golpe entró fuertemente en ella. Susy gimió, gritó y abriendo los labios en un gesto de satisfacción y deseo, gritó fuertemente su nombre como expresando en ello lo feliz que la hacía sentirse llena de ese trozo ardiente y duro que entraba sin piedad en su húmeda, caliente y perfectamente depilada panocha. Los movimientos de mi mano alrededor de mi verga era el seguimiento casi fiel del movimiento de caderas de Carlos entrando y saliendo de mi señora, mientras ésta abriendo los brazos se asía a lo ancho de la mesa para sostener los fuertes embates de mi tocayo. Mi mano subía y bajaba en tanto que Carlos entraba y salía de ella. Su cuerpo se fue tensando, agarrándose muy fuerte de las caderas de mi mujer para aumentar la rapidez de sus movimientos, mientras que mis piernas se estiraron lo más que pudieron para permitir así, con mayor libertad, el sube y baja de mi mano sobre mi duro miembro. Ambos gritaron casi al unísono mientras sobre mi mano caía mi esperma caliente, ella sentía que Carlos llegaba a su clímax aferrándose a su cuerpo en una descarga casi eléctrica que los llevaba al cielo del placer. Él se salió suavemente de ella. Le besó la espalda, la volteó y sentándola en la mesa la besó tiernamente en sus labios. Yo aún no existía para ellos. El beso se transformó en un beso apasionado y duradero. Se soltaron y arreglándose su minifalda tomó unas servilletas de la mesa, y mientras Carlos iba al baño a asearse, ella me limpió con mucha ternura mi pene bañado en mi propia esperma. Carlos no dijo palabra alguna conmigo. Abrió la puerta de su restaurante y plantándole un beso en sus labios se despidió de ella. Sólo un “vuelvan cuando quieran” me dijo al tiempo que apretaba con sus grandes manos una de las mías, “Siempre serán bienvenidos”, remató.

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Susy, una dulce esposa. Parte 2 http://carlitosenlared.lacoctelera.net/post/2010/07/10/susy-dulce-esposa-parte-2 2010-07-10T00:45:47+00:00  Susy se sentó junto a nosotros, y al hacerlo la bata subió aún más dejando ver sus hermosas y bien torneadas piernas. Sus finos y descalzos pies, se cruzaron unos a otros, dejando ver su roja tanga que apenas cubría su triángulo perfectamente depilado. Me paré casi inmediatamente y trastabillando a propósito me dirigí hacia el aparato de sonido para ponerlo en funcionamiento con un disco que ya anteriormente había preparado. La música se dejó oir ... "era un pueblo con mar, una noche, después de un concierto... tú reinabas detrás de la barra, del único bar que vimos abierto..." Ella se levantó y nuevamente sus piernas desnudas fueron captadas por los lujuriosos ojos de Jorge la recorrieron desde el inicio de sus muslos hasta casi su ardiente intimidad mientras se dirigía caminando suave y sensualmente hacia el pequeño bar, Jorge no pudo evitar mirar con deseos ese par de nalgas suaves y deliciosamente atractivas que se contoneaban ante sus ojos. Susy se volteó hacia nosotros y dijo:
-         A falta de caballeros, tendré que prepararme la  bebida yo sola...
-         Espera Susy, dijo Jorge y como un rayo se levantó hasta llegar a ella lo más rápido que pudo, deja yo te la preparo, dijo.
Se acercó a ella y ya no alcancé a oír lo que decían, sólo veía que él poniéndose a su lado, tomaba la copa que ella ya había elegido, y haciendo preguntas fue preparando la bebida de mi esposa. Ella tomó su copa y alzándola a la distancia brindo conmigo diciendo:

-         Por que esta noche resulte inolvidable amor mío...
Correspondí a su gesto y bebí de mi copa, al tiempo que ella le decía a Jorge, ¿y tú no brindarás conmigo? Él se acercó a mi por su copa en tanto mi esposa sólo asomó medio cuerpo de la cantina y lo esperó ahí a una distancia prudente de mi, pero que dejaba verla con claridad, a pesar de la penumbra que existía. Jorge se acercó a ella y alzando su copa, tomó de su bebida al mismo tiempo que ella lo hacía. Brindaron sin importarles mi presencia, no había regreso, mi mujer era una mujer decidida, y la suerte estaba echada ya.

"... y nos dieron las 10 y las 11, las 12, la una, las dos y las tres... y desnudos al anochecer nos encontró la luna..." cantaba Sabina en tanto yo fingía que mi borrachera causaba más estragos en mi conciencia, y colocando mi copa a un lado de mi sillón, fui acomodando mi cabeza para "sumirme" en la profundidad de mis mágicos y calientes sueños... A la distancia, de pie, podía observar que mi esposa y mi mejor amigo charlaban y reían como si yo no existiera.

Todo estaba preparado, Joaquín Sabina dejó de cantar, y la música cambió "... perfume de gardenias... tiene tu boca... bellísimos destellos de luz en tu mirar..." Jorge no pudo resistir, ahí estaba frente a él una mujer sumamente atractiva, casi desnuda, mostrando un poco del nacimiento de sus senos y un par de pezones que, altivos, se alzaban como señalándolo y, al mismo tiempo, para indicarle que ahí estaban, que no los ignorara... si bajaba la vista podía ver los deliciosos y bien torneados muslos de Susy, producto de muchas horas de gimnasio... era, pues, un momento que no podía dejar pasar. Tomando la copa de la mano de mi esposa la colocó en la barra, hizo lo mismo con la suya, y tomando a Susy de ambas manos la haló hacia él, colocó una mano en la cintura de mi mujer en tanto que su mano izquierda se posó en la derecha de Susy y abriendo sus dedos uno a uno fue introduciendo los suyos como un preludio de lo que después haría con las piernas de ella. "... tu cuerpo es una copia de Venus y Citere que envidian las mujeres cuando te ven pasar... perfume de gardenias, perfume del amor..." cantaba Jorge al unísono del cantante de la Sonora Santanera, en tanto que sus cuerpos se movían al compás suave de la música y ella sólo pegaba aún más su cuerpo al ardiente cuerpo de Jorge, sus senos se oprimían cuando él, sin peder oportunidad, con fuerza y delicadeza la mantenía muy unida a su ya, en ese momento, ardiente cuerpo.

Pronto la música calló para dar paso a otra que estábamos seguros cuando lo preparamos que surtiría buen efecto, el efecto deseado, excitarlo sobremanera... habíamos apostado que no llegarían a la cuarta canción... "amanecer con él... a mi costado no es igual que estar contigo... no es que esté mal, ni hablar, pero le falta madurar es casi un niño..." se dejó escuchar la inconfundible voz de Alejandra Guzmán, "... sin tus uñas arañándome la espalda, sin tus manos que me estrujan todo cambia, sin tu lengua envenenando mi garganta, sin tus dientes que torturan y endulzan yo no siento nada... hacer el amor con otro..." Sabíamos que la melodía no era precisamente para bailar, pero también estábamos seguros que por el momento que se viviría Jorge no perdería esa gran oportunidad. No la había soltado, y sin dudarlo más la siguió aprisionando a su pecho en tanto sus pies y manos se movían acompasadamente al ritmo de la música. Al escuchar estas palabras la apretó más fuerte contra él, y suave, tierna y salvajemente acarició con un intento de rasguño la piel expuesta de la espalda de Susy. Jorge volteó por un momento a verme. "Cuando está tomado no despierta aunque estalle una bomba" fue lo que ella me contó después que le dijo. "¿Estás segura que hacer el amor con otro no es la misma cosa?" preguntó él para asegurarse qué terreno estaba pisando. "No lo sé, dijo mi esposa, nunca lo he hecho". ¿o el otro es él? Dijo Jorge, y con un movimiento de cabeza hizo referencia a mi persona. Jajajaja, río mi esposa, mientras Alejandra Guzmán interrumpía cantando "...falta atar el alma en cada beso, y sentir que puedes alcanzar el cielo... quise olvidarte con él... quise vengar todas tus infidelidades..." y mi esposa la secundó en un canto suave y sensual casi al oído de Jorge... No hizo falta más, Jorge la rodeó con sus brazos, acercó sus labios a los de ella y calló el murmullo de mi mujer, ella correspondió rodeando el cuello de Jorge y, alzándose un poco sobre los dedos de sus pies descalzos, se prendió fuertemente de los labios de mi amigo. Él fue introduciendo su lengua en la boca de ella mientras que Susy abría sus labios para recibir ese beso ardiente cual adolescente ganosa. Se soltaron y ella tomándolo de la mano caminó delante de él rumbo a la recámara. Al llegar al pie de la cama se volvió para besarlo nuevamente, y así fundidos en un prolongado y ardiente beso, las manos de Jorge volaron acariciando cada centímetro de la piel de Susy. Sus hombros desnudos fueron acariciados suavemente por las manos varoniles de mi amigo. Ella fue desabrochando su camisa y pasando por encima su camiseta lo dejó con el torso desnudo. Jorge era un hombre velludo. Susy acarició suavemente sus vellos y acercó sus sensuales labios a la tetilla derecha de mi amigo. Fue succionando suavemente uno y luego el otro, en tanto las manos de Jorge acariciaban por encima de la suave tela de la bata roja de mi mujer los turgentes y ardiente senos de Susy, recreándose unos segundos en los erectos y febriles pezones de mi esposa. Ella se soltó y prendiendo la lámpara del buró, caminó hacia la sala donde todo había comenzado para apagar la luz del espacio donde yo estaba sentado y así ofrecerme un inigualable y lujurioso panorama. Yo podía ver todo lo que quisiera, ellos, simplemente me ignorarían. Antes de entrar a la recámara Susy dejó caer suavemente su bata que resbalando por toda el cuerpo de ella simulaban un par de manos que la recorrían suave y deliciosamente. Caminó hacia Jorge, quien ya la esperaba sin pantalones, sólo con un bóxer oscuro que no podía contener su erección. Susy se acercó a él, y arrodillándose ante él, dándome la espalda, fue introduciendo lentamente la verga de mi mejor amigo en su caliente boca. Yo sabía cómo era eso. Experta en el arte de mamar, fue succionando, primero suave, luego fuerte para terminar intensamente, la cabeza de la verga de Jorge. Sus finos dientes mordían suavemente la cabeza del miembro viril de mi amigo, en tanto que sus juguetones dedos acariciaban, apenas rozando con sus uñas, los huevos de quien en ese momento se sentía el hombre más feliz del mundo. Con arte más que ensayada, poco a poco la verga de Jorge fue desapareciendo de la vista para acabar completamente dentro de la boca de mi mujer, quien fue sintiendo palmo a palmo el palpitar de las venas de tan grueso miembro que crecía centímetro a centímetro dentro de ella. Fue sintiendo esa suavidad y dureza al mismo tiempo, cosa que Susy me había dicho le fascinaba. Ese poder tan mágico y ardiente de tener a un hombre a sus pies, aunque literalmente fuera al revés, era para ella como tener el mundo en sus manos. Sabía perfectamente que ese momento de poder que mi esposa experimentaba la hacía la mujer más hermosa, deseable y ardiente que se puedan imaginar. Yo no lo entiendo, pero para ella es sentirse dueña del Universo. Poder hacer con el hombre lo que quiera hasta el grado de hacerlo enloquecer hacen que ella se convierta en una verdadera hembra.

Pronto sintió que Jorge estaba en su momento. Bajó de un solo golpe el bóxer oscuro y pude ver como de un empujón en el pecho de este lo obligó a acostarse boca arriba en la orilla de la cama en tanto sus pies descansaban en la mullida alfombra de la recámara. Susy se quitó la última pieza de ropa que tenía, su tanga roja, y pasándola por debajo de su pie derecho la tomó y en un movimiento por demás sensual lo aventó hacia donde yo estaba. Por supuesto no llegó a mi, pero entendí claramente el mensaje: "va por ti amor". Ella fue colocando con gran maestría el condón, que ya estaba preparado, hasta la base del tronco ardiente y duro de Jorge. Se subió y de un solo golpe se sentó en la verga de Jorge. Un "aaaaaaaaaaaaaaaaaaaa" se confundió en el ambiente. Ella empezó a subir y bajar para sentir hasta el fondo y por todos los centímetros de su vagina aquel pene "tan hermoso", dicho después en sus propias palabras, penetrarla y disfrutarlo hasta la saciedad. Jorge se asió de sus caderas y manteniéndola fija, subió los pies a la cama y doblando las rodillas empezó a entrar y salir de la intimidad cachonda de mi esposa. Los cuerpos se confundían uno al otro. No había principio ni fin. Sólo dos cuerpos gozándose uno al otro.

-         Hazme tu perra... hazme tu puta, le dijo mi mujer.

No sé que efecto causó esto en Jorge pero ni tardo ni perezoso se salió de ella y bajándose de la cama esperó a que Susy se acomodara. Poniéndose en cuatro puntos Susy apuntó sus nalgas hacia Jorge dispuesta a recibir la verga dura de mi amigo. Éste entró de un solo golpe en ella, agarró firmemente sus caderas y arreció sus movimientos. Entraba y salía como un loco, poseído por el  demonio de la lujuria, entraba y salía en ella. Los gemidos de Susy completaban el cuadro. Yo sobaba por encima de mis pantalones mi pene que estaba a reventar. Me la saqué sin hacer ruido, era algo que había aprendido desde chiquillo, cuando veía  a mi madre ser poseída por los amigos de papá.

-         Házmelo por "ahí", dijo mi encantadora y puta mujer.

-         De veras? Preguntó Jorge, tal vez incrédulo, tal vez pensando que había oído mal.

-         Siiiiiii... damelo por "ahí"... métemela por "ahí"....

-         ¿por dónde? Dijo Jorge, ya muy caliente, dime por dónde...

-         Por ahí.. dijo mi mujer... cojéeme por el culo... meteme tu verga en mi culo, te quiero sentir... dame tu verga... papi .. cojéeme papito por favor, cojéeme por el culo....

No necesitó lubricarla, bastaba la humedad de mi mujer. Se colocó en el punto exacto en tanto que Susy lo ayudaba con sus manos abriendo un poco más las nalgas. Entró y un "ooooooooo" se dejó escuchar en la habitación proveniente de la boquita de mi esposa. "Siiiiiiiiiiiii"... dijo... "no te detengas... no pares... sigueeeeeeeee... sssssssssiiiiiiiiiii... ooooooooooooooo... maaaaaaaaaassssssssss... ssssssssssssssiiiiiiiiiiiiiiiii... oooooooooooooooo.... que ricoooooooooooooo..... aaaaaaaa"... exclamaba Susy... Jorge no tardó mucho, era tal el placer que sentía cuando entrando y saliendo los músculos del esfínter de mi esposa apretaban fuertemente su verga al tiempo que escuchaba salir de la boca de Susy lo que tal vez nunca antes había escuchado. Terminó con tres movimientos fuertes y duros, animado por las frases de mi mujercita quien al sentir el último empujón de las caderas de Jorge en sus nalgas empujó fuertemente, apoyada con sus brazos en la cama, todo su cuerpo hacia el cuerpo de mi amigo y sentir así toda la verga dura e hinchada de él completamente dentro de sus intestinos calientes.

Jorge se retiró. Yo había terminado unos minutos antes. Seguí "dormido" hasta que la puerta se cerró detrás de mi satisfecho amigo. Me acerqué a ella, la besé tiernamente en sus labios.

-         Gracias, le dije, fue maravilloso.

-         Gracias a ti amor, me contestó, realmente fue delicioso. Tiene un pene hermoso. Lo gocé mucho. Gracias, repitió.

Pasó al baño a asearse. Se acostó junto a mi desnuda. La abracé. Se volteó dándome la espalda. No la solté. Nos quedamos dormidos.

 

... continuará....

 

 

 

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